La Tertulia en Granada, España

40 años de conjuros de poesía, canto y amistad

sábado, 18 de abril de 2020 · 22:30

Hoy el bar La Tertulia de Granada, España, cumple 40 años. 

 

Horacio Tato Rébora, el mentor del mítico bar habló desde Granada con El Diario para este informe especial.

Esa noche surgió  el Manifiesto Albertista, palabras leídas con ocasión del homenaje que los poetas granadinos le tributaron el 12 de Mayo de 1982, en La Tertulia.

 

Una cueva de conjuros que pronto fue referencia para el mundo artístico español y un mojón de la feligresía noctámbula. Aún su puerta se mantiene esbelta en la calle del Pintor López Mezquita. 
Aún sus paredes sueltan acordes de toda clase de música y la poesía reina aún en tiempos aciagos.
El autor del invento y pontífice de esa cueva fue el cordobés Horacio Tato Rébora, hijo del prestigioso arquitecto y pintor Luis Rébora, ex Rector de la Universidad Nacional de Córdoba, y miembro de la CONADEP en la década de los 80.
Tato con su compañera de entonces, la maravillosa Cele, convirtió a La Tertulia en esa casa común que no habría de cuajar en la práctica política, o sea, en una especie de ONU del arte.

Fotografias de arriba: Tato Rébora, Luis Pastor, Ángel González, Joaquín Sabina, Luis García Montero, Mariano Maresca y Antonio Jiménez Millán y el Pintor Jus Vida .


"El 19 de abril de 1980 abrió sus puertas el bar-librería La Tertulia, en la calle del Pintor López Mezquita, un local que pronto alcanzaría notoriedad en el diverso mundo de la progresía, y que se convirtió en referencia ineludible de la noche granadina. Desde la izquierda eran años de esperanza, pues se daban las condiciones para un no lejano acceso a distintos espacios del poder, un paso necesario dentro del proceso de la Transición, y que prefiguraba los cambios profundos que habían de suceder en la sociedad española. En La Tertulia nos encontrábamos a diario con un variopinto mundo tocado por la gracia contestataria, que los fines de semana se convertía en una turbamulta de libertarios e izquierdosos de distinto pelaje y condición, unidos por esa argamasa ideológica de la solidaridad y la esperanza compartidas, y por una vigorosa afición al decir y al beber," señala Juan Jesús Izquierdo en el libro "La Tertulia" memoria coral 1980-2010. 


Rébora, Granada y el bar

 

Tato nació en 1948, en Córdoba. Profesor de matemáticas y física, debió exiliarse en 1976, y eligió Granada, España, para vivir después de estar casi tres años en Suecia. 
Granada le resultó hermosa, abierta y muy enérgica culturalmente. Llegó con la idea de montar un bar al estilo del book-café que había conocido en Suecia. Un proyecto que parte de una reflexión: al haberse formado en una célula política, y al disgregarse ésta con el cambio de los tiempos, había que recrear un espacio donde la izquierda -en su sentido más amplio- se pudiera reencontrar. A los diez días de su llegada a Granada, sin prácticamente conocer a nadie, ya había conseguido el local. 
Cuando abrió, los anaqueles estaban repletos de libros y revistas, una literatura ad hoc adquirida en la librería Urbano. De la venta se encargó -lo hizo hasta 1985- el poeta y pintor Alfredo Lombardo, uno de los personajes más coherentes e inteligentes de la bohemia granadina, y figura necesaria de la cotidianidad albaicinera. No más de un par de días tardó en recalar por allí Juan Carlos Rodríguez, hoy maestro de maestros, junto con Concha Félez, J.M. Azpitarte, y otros. El flechazo fue mutuo e instantáneo. Tato recordó que fue a raíz de que Juan Carlos descubriera, entre los libros puestos en venta, uno agotadísimo donde se encontraba un artículo suyo. 
Al poco tiempo se sumaron Javier Egea, Mariano Maresca, Álvaro Salvador, Antonio Jiménez Millán, el joven Luis García Montero: cosas de la sentimentalidad. A la vez fueron llegando muchos más, que acabaron dando su peculiar configuración a aquella fiesta de la cultura, del tango y de la canción de autor, de la conversación y de la seducción, de la alegría de vivir y de amar, que tan mal sentó a la extrema derecha local. La Tertulia fue varias veces agredida. En una de esas, todavía en 1988, estaba allí el actor Paco Rabal tomando unas copas con unos amigos. Una vez interceptado el agresor, Paco intentó suavizar los ánimos. Cuando el joven energúmeno alzó la mano y vociferó: "iViva Hitler, Mussolini y Franco!", éste no pudo contener una hostia suave, ideológica y paternal (Rébora dixit). Llegó la policía y aquello terminó en juicio ganado sin reclamación de daños. 
Este argentino se apegó al tango en Granada, por respeto a la afición y, de ahí, por identificación: "el tango es apto para la diáspora, no como nostalgia, sino como instrumento para penetrar en una ciudad y una cultura nuevas. Algo que también ocurre con el flamenco. Quizá todo esto tuvo que ver con dos palabras: la ciudad y nosotros". 
La afición tanguera de una serie de poetas y escritores granadinos quedó plasmada en el espléndido libro Granada Tango: libro para bailar con las ciudades y en solidaridad con nosotros mismos, editado en 1982 por La Tertulia, así como en otros señalados acontecimientos, como los pases de películas de Carlos Gardel, las conferencias de J.C. Rodríguez, etc. Luego vinieron las Jornadas del Tango, de 1981 a 1983, hasta culminar en el Festival de Tango de Granada, que nace de un encuentro en 1988 con J. M. Castillo Higueras, por entonces concejal de cultura, y se estrena al año siguiente. En estas mismas páginas se cubre la XII edición del Festival de Tango de Granada, hoy el más prestigioso en su género, tanto aquí como allá, como corresponde a la ciudad que lo acoge. 
No es posible mencionar siquiera lo mejor de las actividades que ha promovido y acogido La Tertulia, que ya no se cuentan. Citemos, al menos, la Primera Exposición del Cómic y la Historieta (1981), con dibujantes como G. Iranzo, Sió y Antonio Pamies, por iniciativa de Pep, un tertuliano histórico que ofició desde el principio y durante años tras la barra con simpatía y eficacia. También la Primera Exposición de Carteles (1983), en la que participaron notables artistas plásticos de la ciudad, como Julio Juste o Juan Vida; y las del grupo La Carpeta. Asimismo, la Exposición de Fotografía de 1983, sobre imágenes emblemáticas de la Transición, organizada por la Asociación de la Prensa Española; y los homenajes a Julio Cortázar y a John Lennon, o el veinte aniversario de Mayo 68, cuyo lema tanguero recogemos para titular estas páginas. Y también la Mesa Redonda sobre el Humor, con Peridis, Vázquez de Sola y Martinmorales; los numerosos manifiestos de solidaridad (Argentina, Uruguay, Chile, Nicaragua) y mesas redondas sobre la paz y la libertad. Y ya para poner un término a esta lista, el Homenaje a la "Generación de los 50", que tuvo allí su segunda morada durante diez noches amanecidas, con los poetas Ángel González, Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo y Claudio Rodríguez, entre otros. 
Así, más de sesenta exposiciones, como las de Ricardo Carpani (recuérdese Argentina 78, de Javier Egea, editado por La Tertulia), de Agustín Ruiz Almodóvar (autor del bajorrelieve de cerámica que se encuentra incrustado en la fachada) y su primo Coco, o del polifacético creador Michel Bastian, que repitió estancias y exposiciones en Granada para poder estar con sus amigos de La Tertulia, beberse no pocas copas de ron cubano y seducir a hermosas tertulianas con depurado estilo libertario y envidiable eficacia. No es casual que aquel impenitente y contumaz agitador cultural francés, creador del grupo Spont'Act, que capitalizó la animación callejera parisina durante los 70, viera en La Tertulia el paradigma de aquello que había soñado, y ya dejado de ser en su país. Todavía le gusta recordar cómo, callejeando por Granada a principios del 81, se dedicaba a seguir a aquellos que por la pinta reconocía como suyos, y todos acababan recalando en La Tertulia. Fue llegar y topar, pues esa misma primavera exponía su subversiva cartelería. Aquí también se creó la revista Olvidos de Granada, que M. Maresca animó con encomiable acierto durante la década de los 80, y cuyos tres primeros números editó La Tertulia, antes de que se hiciera cargo de ella la Diputación de Granada. Aquellas primeras actividades están recogidas en el libro-homenaje La Tertulia 5 años (1985), editado por Ignacio Llamas, todo un documento para la historia cultural de la Granada de aquellos años. A destacar también la edición (Cuadernos de la La Tertulia, 1997) de Un debate sobre Natural y Artificial, con interesantes aportaciones de Juan de Dios Vico y José García Leal, entre otros. Memorables fueron también las expediciones culturales a Argentina, formadas por talentosos contingentes de amigos y artistas granadinos, entre otros Carlos Cano. 
Pero no todo ha sido un paseo en este largo caminar. La Tertulia, rebelde a su época pero inmersa en ella, conoció sus horas bajas con la desbandada que se produjo entre los años 88 y 91. Esa pérdida de su clientela "natural" se debió, en opinión de Tato a la ruptura de la casa común de la izquierda y al proceso de desideologización; pero también, claro está, a la diversificación de la oferta del ocio, a las nuevas actitudes noctívagas, a la toma de la noche por las nuevas generaciones, a la renuncia al hábito de la conversación, de la canción de autor, etc. Tato no tiene más remedio que profesionalizarse en la producción cultural: crea Andaluza de Congresos y Exposiciones (1988 1996) y luego Andalucía Arte, con la que sigue hoy. Pero La Tertulia fue recuperando parte de su feligresía, a la vez que se asentaba una nueva generación, y hoy es raro que pase una semana sin que se produzca alguna actividad, debate, conferencia, presentación, recital o cualquier otra manifestación de carácter cultural, político o artístico, Muchos son los autores granadinos que han leído sus textos, presentado a terceros o disertado sobre esto y aquello en esta sala. Recordemos, a vuelapluma y en desorden -aparte de los ya citados- memorables intervenciones de Javier Moreno (poeta, dandy, el primer amigo fuerte de Tato en Granada), José Gutiérrez (otro esforzado animador cultural de los principios), Muñoz Molina, Justo Navarro, Pepe Ladrón de Guevara, Ángeles Mora, Teresa Gómez, Juan León, José Heredia Maya, Juan de Loxa, Carmelo y Claudio Sánchez Muros, Fidel Villar Ribot, Paco Moyano, García-Rúa, Antonio Sánchoi Trigueros, Mateo Revilla, Eduardo Castro o Francisco López Barrios, entre tantos otrr Y, de fuera, Agustín García Calvo, Julio Herranz, Luis Antonio de Villena, Daniel Moyano. Mario Benedetti, Rafael Alberti. Muchos son los que han venido a copear y ver lo dril, pasaba, como Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Javier Krahe, Gil de Biedma y José Saramago. En los últimos diez años se producen los encuentros-exhibiciones semanales, de tangueros locales, que han convertido las noches del martes en un viernes-sábado, y también las tertulias de flamencos en torno a Enrique Morente y a Juan Cruz, alma mater de este antro y emérito asiduo, junto con Cuni y las incombustibles Concha, María José y Pilar. Tato se complace recordando una observación de otro tertuliano mayor, Andrés Sopeña, granadino de adopción como tantos, que reproducimos aproximada mente: "en esta tierra de la malafollá, el granadino de éxito suele ser castigado por la ciudad, y este granadino debe agradecerle que siga siendo riguroso, porque ella no ha sabido perdonarme que tuviera éxito. Si llego a vivir en Sevilla, habría perdido mi rigor por la coba que me habrían dado." Porque esto del rigor no es asunto ajeno al ser de La Tertulia, cuyas reglas de obediencia todo tertuliano de ley asume sin desmayo ni complejos: Confieso que he bebido (Horacio Rébora: una cuestión de solidaridad y de coherencia); Pienso luego insisto (Mario Benedetti: lema del cartel del X aniversario y aviso para quienes reclamaban un claudicante aggiornamento); Si te he visto no me acuerdo, si te desvisto no me olvido (pintada anónima montevideana, localizada y recuperada por Rébora: sin comentarios). 
Durante la charla previa a la composición de estas páginas conmemorativas, Tato no puede evitar emocionarse con el recuerdo de tantos amigos hoy desaparecidos. Los de casa, así Concha Félez, Enrique Vázquez de Sola, Julia, Rafael Fernández Piñar, Rafael Villegas, Javier Egea. Y aquellos que desde fuera vinieron a compartir lo mejor de sí mismos y también se sintieron en casa, como Daniel Moyano, Ricardo Carpani, Oscar Ferrigno, Carlos Acuña, Jaime Gil de Biedma, Iranzo, Fernando Quiñones, José Agustín Goytisolo, Claudio Rodríguez o Rafael Alberti. Cualquiera de ellos habría suscrito alguna vez esas palabras del tango Cambalache, del profético Discépolo: Que el mundo fue y será una porquería / ya lo sé / en el quinientos seis / y en el dos mil también. Y no habrían tenido empacho en añadir que, mientras existan lugares como La Tertulia, siempre lo será un poco menos.

 

Cuarenta años escribiendo historia 

Por Diego Mario Rivarola
(Periodista. Coordinador en Buenos Aires del Festival Internacional de Tango de Granada. Presentador del Festival Internacional de Tango de Granada.)


Debería ser sencillo, para cualquier periodista, sentarse en un ordenador y frente a la pantalla blanca, comenzar a volcar palabras, ideas, pensamientos.
Pero cuando ese texto que se intenta desarrollar, va acompañado o condimentado fundamentalmente con sentimientos, hasta el más avezado hombre de letras debe pensar muy bien cada palabra, cada letra que el teclado irá imprimiendo en esa blanca hoja.
Tampoco debería ser difícil cuando lo que se debe hacer, es escribir sobre un local, un bar, que no es más que aquel emprendimiento comercial que reúne a un grupo de parroquianos detrás de un pocillo de café, una copa compartida, una amena charla.

No es este el caso, me siento a escribir en mi ordenador, no sobre un simple bar, sino sobre un ícono de la cultura de una ciudad como lo es LA TERTULIA de Granada, que está cumpliendo, no pocos cuarenta años.
Nada es casual y tampoco lo es la historia de este espacio, como la historia de su creador y mentor, HORACIO "TATO" REBORA, este argentino cordobés que ya es más español que un bocadillo de jamón serrano.
Cuando Tato Rébora crea La Tertulia, ya lo hacía con la idea de que fuese un espacio cultural, un punto de encuentro para inteligentes ideas en una Granada, en una España, que vivía transiciones muy fuertes.
Y fue así que en sus mesas, que como decía el gran Discépolo "Nunca preguntan", en su barra, fueron acercándose grandes pensadores, artistas del flamenco, estudiantes de las universidades cercanas y esos fieles parroquianos que encontraban entre sus paredes, algo distinto, indescriptible.
Y así, fue desarrollándose su historia, entre tertulias de poetas, los primeros sones de una canción de autor, conversaciones que quedan grabadas en sus paredes y esas interminables noches con los aromas del vino y el humo de los cigarros.
Pero un día, cuando La Tertulia ya tenía su muy bien ganada fama como espacio cultural, sucedió algo que le cambió su historia para siempre.
Por la puerta de Pintor López Mezquita 3, entre Melchor Almagro y Martínez de la Rosa, un día, entró el tango.
¿Quién habrá sido el primer cantante, el primer bandoneonista, el primer autor o compositor que traspasó por primera vez su puerta? Quizás Tato Rébora lo recuerde, pero a esta altura qué importa. Lo que sí hay que destacar, es que por La Tertulia han pasado las figuras más importantes del tango de los últimos treinta y dos años.

Horacio "Tato" Rébora, no sólo es el creador de La Tertulia sino, entre otras cosas, del Festival Internacional de Tango de Granada, el más antiguo del Europa y el segundo más antiguo del mundo con continuidad.
Fue en marzo de 1999, cuando gracias a su gentileza, pisé por primera vez La Tertulia junto a un grupo de artistas recién llegados de Buenos Aires que iban a participar de ese ya importante festival.
Esa primera noche en La Tertulia, ya de movida, conocí a alguien con quien llegaría a tener una gran amistad; no era otro que el gran ENRIQUE MORENTE, la gran voz del flamenco.
Esa puerta de La Tertulia, a lo largo de veintiún años, la he traspasado infinidad de veces y allí he vivido muchas, muchas, muchas inolvidables y mágicas noches. Allí escuche cantar a capela a Susana Rinaldi o a Amelita Baltar; allí lo escuché tocar su bandoneón a Rodolfo Mederos; allí compartí increíbles momentos con Rubén Juárez, Walter Ríos, Néstor Marconi,  Raúl Garello, Horacio Ferrer y tantos y tantos artistas más.
Allí, en las mesas o en la barra de La Tertulia, con ese candelabro con una vela siempre encendida que nunca se extingue, nacieron amistades con gente muy querida de Granada.
Su historia, sus anécdotas, sus personajes, hicieron que La Tertulia sea declarada como el único Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires por parte de la Legislatura Porteña, encontrándose fuera de Buenos Aires por el gran valor intangible que encierran sus paredes,
La Tertulia, a lo largo de estos primeros años de existencia, ha pasado por todas las vicisitudes posibles; épocas de bonanza, crisis económicas, peligros de cierre, pero está ahí, como siempre, con su puerta, sus mesas, su barra, abiertas como brazos para recibir a todo aquel que quiera visitarla, sabiendo que no está entrando en un bar, sino en un templo de la cultura granadina.

Hoy desde mi Buenos Aires querido, en circunstancias que no son las mejores, elevo mi copa por estos cuarenta años y sueño en cómo será la próxima vez que traspase su puerta, cómo será la magia de la próxima noche, cuál será la historia que me llevaré al irme, para sumarla a todas las historias vividas a lo largo de estos años, noches que jamás olvidaré mientras viva.

¡Gracias Horacio "Tato" Rébora, gracias La Tertulia, gracias Granada!

 

Militante de esa cueva de conjuros

Por Pedro Jorge Solans

(Escritor y periodista)

Pedro Solans, Antonio Arenas, Jiménez. Schuap, Rébora y el ex alcalde Francisco Cuenca.

 

Hay un episodio irreversible que nunca dejaré de lamentar. Conocí a Tato Rébora y luego a La Tertulia. Al revés de la lógica impuesta. Y no fue en Granada, sino en Villa Carlos Paz. Tampoco, en una celebración de copas ni en un recital. Fue a través de una de las tantas convocatorias de Manuel de Falla. Y de ese día, nunca dejamos de justificar encuentros. 
Con ese antecedente, y después de horas de caminata por la Alhambra compartida con el cantautor Joselo Schuap y su compañera Graciela Acosta, recorrimos la ciudad de Federico García Lorca hasta encontrar la calle del Pintor López Mezquita. El sol empezaba a mostrarse bien andaluz. Tato nos esperaba adentro, en penumbras. 
Apenas cruzamos la mítica puerta, sentí que me saludaban desde las telarañas y un Enrique Morente me bendecía, rodeado de un colectivo de dichosos bohemios, poetas, cantores, artistas, noctámbulos y guardianes celosos de sueños. Me emocioné, y después de un rato miré a Joselo. Su aspecto misionero guaraní se había transformado en un brillo brumoso. Graciela no podía despegarse de las fotografías que seguían aferradas a esas paredes testigos de noches memorables para la ecuménica amistad.
Nos sentamos en una mesa, y tras brindar con un Rioja tinto nos desnudamos en pensamiento, obra y cantares.
Después la vida misma con sus hilos de misterio se encargó de lo demás, de lo que pasó y no pasó. 
Hoy soy un militante fervoroso de esa cueva de conjuros que no puede cerrar ni olvidar ni profanarse. 
Me convertí en un promotor multifacético tertuliano, a tal punto que encaré la resistencia con marchas y manifestaciones acordes a estos tiempos. 
"No al cierre de La Tertulia." 

En noviembre pasado, cuando el Covid-19 no estaba en nuestros radares presentamos el libro "La Nieve y las campanas" de José María Chema Cotarelo. Esa tarde noche fue otra noche mágica. Repleta de pasiones y exaltaciones. Participaron cantantes, músicos, actores y actrices y el cierre junto al poeta bendecido por Pepín Bello, cantó Alberto Muñoz. 

Anteriormente, pasaron por ese escenario palpitante, además de los ya mencionados, los amigos Lucas Segovia, Joselo Schuap, Yamila Cafrune y Roberto Coya Chavero. En es Granada de copas se gestó el abrazo para cerrar la herida de la historia del canto popular argentino, la hija de Cafrune con el hijo de Atahualpa Yupanqui, que luego se concretara en el escenario mayor del Festival de Cosquín.   

La última conversación que tuve con Tato, le prometí que mataremos al Covid-19 con una celebración de copas, poesía y canto, e invocaremos a los que se fueron, 
y en una pluri lengua, rezaremos versos de la otra sentimentalidad, y publicaremos el manifiesto de albertiano, y cantaremos tangos andaluces y canciones del folclore de nuestro mundo, ese, donde el corazón, el arte y la palabra son más importantes que las bolsas de los mercados, y que nos atrae bailar con los duendes de la noche, más que ser oradores de mañanas.   

Texto Novelino
LA TERTULIA CUMPLE AÑOS


Y que es al fin y al cabo La Tertulia, sino nada más y nada menos, que un local emblemático de Granada que alberga amigos.
Un refugio imprescindible de las manifestaciones artísticas más genuina e importantes de la literatura, la música y el canto, un acogedor sitio para reuniones afines de aquellos que hacen un culto de la amistad y aprecian el arte en todas su dimensiones.
Y hace ya 40 años que este carismático lugar, nace debido a la magnífica inspiración de Horacio (Tato) Rébora, argentino, cordobés para más señas, que no sólo tiene la virtud de cosechar amigos, sino de mantenerlos a través del tiempo. Es imposible visitar Granada y no mencionar a Federico García Lorca. Como tampoco lo sería, no visitar Sierra Nevada, la Alhambra, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, junto al jardín del Generalife y el Albaicín. Y especialmente, sería imperdonable no concurrir a  La Tertulia y perderse la posibilidad de percibir entre sus paredes, gran parte de la historia de Granada y de su cultura.
En lo personal, en La Tertulia, tuve la dicha de conocer personas como Juan Cuz con sus inteligentes charlas, a Daniel Moyano, nuestra visita a Sierra Nevada y su “Silencio de corchea” y a Enrique Morente, uno de los grandes cantantes famosos de flamenco, que ha servido de modelo para muchos talentos, quién me solicitaba que le dijera palabras en lunfardo.
Nada es casual en la vida, y porque el tango no es casual, sino causal, precisamente fue el tango el que a raíz del Primer Festival Internacional del Tango y cuatro o cinco más festivales a los cuales tuve la suerte de concurrir, conocí La Tertulia con su acogedor  ambiente. 
El 19 de abril de 2020, La Tertulia cumplirá 40 años de vida y sentí la necesidad de homenajearlo con esta humildes líneas.- Para concluir no puedo evitar de recordar el tango Volver de Gardel y Le Pera y parafrasear una de sus frases, “Las nieves del tiempo platearon mi sien, sentir que es un soplo la vida, que “cuarenta” años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”.
Querido Tato, eres una excelente persona, entre otras virtudes tuyas, admiro tu compromiso con el arte, felicidades, suerte y por 40 años más.

Texto Juan Antonio Díaz
En la Tertulia con Juan de Loxa

Noches de tertulia
noches de farra
Con Juan de Loxa
Noches eternas
Llenas de versos, llenas de calma
Llenos de artistas y de poetas
Noches de charla con gente buena
Noches con Juan carlos y con Egea
Noches de Arturo, noches de tango
Noches canallas de copas llenas
Noches de Enrique, noches flamencas
Flamenco y tango, todo lo bueno
Que Tato trae
Como un regalo de luna llena
Que nos regala todas las noches
De magia y vino, de noches plenas
De amigos , humo, de amores breves,
Y de resacas,
noches de risas
Noches de invierno
Banda sonora
De tantos años,
Noche que es suma de otras mil noches
Vida y poesía
música, y tango, todos los sueños
Todas las penas.

El escritor Guillermo Busutil

 

La nieve y la campanas, y la nueva camada de argentinos en La Tertulia

Con la poesía de Chema Cotarelo,  La nieve y las campanas, poemario editado por Corprens, se mezclaron las voces de una nueva camada de cantantes argentinos, provenientes de Córdoba, de Misiones, de Buenos Aires y Chaco.  

Jiménez Millán, Yamila Cafrune, Lucas Segovia, Chema Cotarelo, Roberto Coya Chavero, y Alberto Muñoz.

 

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