Falleció en Tierra del Fuego la poeta coscoína Niní Bernardello

Por Aldo Parfeniuk (Poeta y ensayista)
jueves, 18 de junio de 2020 · 17:12

Con la cordobesa radicada en Tierra del Fuego desaparece otra de las grandes voces de la poesía argentina.

Por Aldo Parfeniuk

     

 

No terminamos de lamentar la muerte del poeta pampeano Edgar Morisoli, que ya tenemos que hacer lo mismo con Niní Bernardello, la pintora y poeta nacida en 1940 en Cosquín que falleció ayer en Río Grande, en la isla grande de Tierra del Fuego, donde eligió vivir desde hace cuarenta años: el país va perdiendo voces entrañables e irrepetibles.

Fuimos amigos por afinidades literarias y por compartir otros amigos. Últimamente manteníamos contacto seguido, y me agradecía lo que le contaba de aquí, de este  gran amor suyo (que orgullosamente portaba en su tonada) que era la Córdoba serrana, coscoína, de su niñez y juventud, y en donde hemos compartido fraternales noches de ya lejanos eneros. Por cierto, nos relacionó  con fuerza  lo que tuviera que ver con la literatura y el arte, actividades que practicó con parejo talento y fortuna. Aunque tardíamente, los medios nacionales y el mundo del arte y la cultura  reconocieron sus méritos y aportes, especialmente gracias al entusiasta apoyo de intelectuales como Diana Bellessi -su gran amiga- entre otros.

Su debut en poesía, si mal no recuerdo, se debió a la insistencia de su gran amigo (también nativo de Cosquín) Bernardo Schiavetta, de intensa y destacada actuación durante largos años en Francia, y con quien actualmente somos  cofrades en el colectivo Palabras de poeta.  En lo estético –y si es que ello puede liquidarse en un par de líneas- sostenía con firmeza que, tanto la pintura como la poesía, más que explicarla o ilustrarla, crean la realidad. Colores y palabras, por sí mismos, abren mundos, al margen de los lenguajes habituales, ordinarios, y dan origen a objetos de arte y poesía, que no necesitan, para perdurar, “colgarse” de determinado tema o anécdota. Pero Niní también tenía la (rara) virtud de reconocer y aceptar un arte y una poesía que funcionaran  a partir de las experiencias de vida y de mundo; y sobre todo de compromisos sociales y humanos concretos: con los pobres, los naturales o las mujeres. En razón de convicciones de esa naturaleza -por ejemplo- me invitó a hablar sobre Manuel  J. Castilla y las poesías regionales, en la 1ra Feria del Libro de Río Grande, en los años 90, en donde compartimos momentos inolvidables. Allí conocí  a  escritores fueguinos y sureños  (Lazzaroni, Leite, Aliaga…, entre otros) y, sobre todo, esa original forma de poesía de los Yámanas y los Selknam que eran sus rogativas, cantos y oraciones devastados por la cultura letrada y que Niní admiraba y recreó en admirables trabajos visuales y poemas.

A modo de cierre de este sencillo recordatorio-homenaje transcribo un poema que habla de los naturales de la Isla y que yo conocí inédito, casualmente en aquella Feria de los 90.

Mirando siempre el mismo lugar

siempre el mismo lugar

sin palabras, desértico, áspero,

Soy Selknam. En mí rompe

lo primero, nunca escrito.

Espalda cubierta, ojos atónitos

silencio muscular, siempre sentada

sin poder quemar los deseos.

No hay paredes. Un techo cónico

abierto al cielo empuja la mirada

a los cuatro espacios conocidos.

Antelación del símbolo. Opacidad.

-¿ Qué dices mujer en tu caída?-

Olvidé todo. Soy Selknam,

centro de la mirada, sólo fuego

y obediencia. Excluída de los ritos

sólo canto. En la inmensa noche, canto.

Es cierto querida Niní Bernardello:  quizás la poesía no tiene porqué ilustrar o contar realidades. Leyendo tu poema reconocemos la capacidad de la poesía, del  arte, de crear mundos, de crear realidades que los mismos seres humanos hicieron desaparecer por odio, ignorancia o codicia. Por eso un poema, un cuadro, un canto, logran dar vida, dar ser, a lo que podría seguir no siendo por el  resto de los tiempos. Y eso no es poco. Gracias por tu arte y por tu vida.

Obras publicadas : Espejos de papel,  Malfario, Copia y Transformaciones, Puente Aéreo, Salmos y Azahares, Natal, Agua Florida y –recientemente- Atardeceres Marinos.

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