El ojo D’Jesús

martes, 30 de junio de 2020 · 18:26

Por Enrique Hernández-D’Jesús

(Poeta, curandero y fotografías)

 

EL OJO se llamó la Exposición Curada por Luis Ángel Parra, en el Museo de Bellas Artes de Caracas, en el año 2006. El proyecto del libro que se diseñó, y que evidentemente no salió publicado por millones de razones que todavía no se sabe nada del asunto. Misterio del Museo. Hoy presentamos fotografías de la muestra y material de los textos que abrían el libro, EL OJO D’JESÚS de Luis Ángel Parra, y MENSAJE PARA ENVIAR EN UNA BOTELLA  de William Ospina.

 

Enrique Hernández-D'Jesús es un apasionado creador. Su lente, su pluma, su sensibilidad y su irreverencia, además del gusto por la controversia, la amistad y el buen vivir le han permitido crear una vasta obra literaria y plástica. Sus herramientas han sido la fotografía, la poesía, la gastronomía, el performance, el ensamblaje, la actividad editorial, la celebración y la instalación.

 

Además, su extraordinario fetichismo lo ha llevado a ser uno de los más agudos coleccionistas del arte popular venezolano, de los dibujos de los escritores, de los textos de los pintores, de las estampas populares, de los libros únicos y por supuesto de las escrituras y fotografías de todos los pintores y escritores, a quienes ha pedido que dibujen y escriban sobre toda clase de cuadernos y de temas. TODO puede convertirse en ingrediente de su obra, e ir a parar a una de las miles de botellas, o a una de las miles de cajas y cajones que llenan su estudio.

La coexistencia de toda clase de figuras eróticas y religiosas es posible en sus cajas. La literatura y la imagen se juntan en sus fotografías. El sincretismo y el eclecticismo son su imaginación y su ojo: EL OJO D'JESÚS.

Es un ojo que todo lo ve, omnipresente. Está metido en los vericuetos físicos y mentales de los seres humanos. Escudriña y lee los pensamientos e intimidades de las personas, especialmente de sus amados poetas, a quienes hace literalmente escribir sobre las fotografías. Así nace IMAGEN Y PALABRA, serie conformada por seiscientas fotografías intervenidas por los poetas capturados por su lente y que logra mostrarnos en toda su valiosa dimensión el talante y las palabras de doscientos poetas de todo el mundo, cada uno con tres fotografías intervenidas. En esta muestra, apenas seleccionamos una parte de su trabajo.

 

Es este un proyecto de integración: imagen, poesía, expresión, rasgos, signos-conceptos, bosquejos estéticos, botellas, cajas, objetos: la palabra como acompañante de la representación fotográfica.

 

Para conformar un cuadro esencial en la acción poético-visual, se crea una correspondencia entre imagen y palabra en las fotografías en blanco y negro, donde existe una preocupación por una perspectiva que exprese las emociones primarias y los sentidos estéticos del poeta.

La imagen fotográfica concilia momentos del poeta, su universo, su vacío y sus ambientes interiores, el entorno donde fue localizado y donde actuó. El encuentro y sus motivaciones se unen en la mirada logrando crear ámbitos poéticos en sus perspectivas, y aparece una arquitectura espacial propicia para la articulación de las imágenes con la palabra escrita.

Es un ojo que revela los lazos sagrados entre poesía, imagen y erotismo. Revelación comprobable al  encontrarnos frente a  instalaciones como OFICIO PURO o EL TALLER DEL SEÑOR BARROCO. En ellas se explaya Hernández-D’Jesús para capturarnos ya no con su lente sino con su ojo, el ojo que todo lo ve, el ojo que recrea, el ojo que revela: EL OJO D’JESÚS.

 

 

William Ospina

       No recuerdo dónde lo conocí. Debió de ser en el taller de Luis Ángel Parra, en una de esas fiestas que desbaratan los relojes, donde después de mostrar todos los rostros a los que nos obligan los días terminamos mostrando a la luz pálida de la mañana nuestros rostros más asombrados o más tiernos. Enrique Hernández-D’Jesús hacía fotografías de escritores. Había fotografiado desde todos los ángulos a todos los poetas latinoamericanos y a muchos del resto del mundo, y jugaba a recoger impresiones azarosas, versos sueltos, “frases vagas y tenues suspiros” que los poetas quisieran poner sobre esas fotografías. Un caprichoso ejercicio de sobreescritura, pues sabe que los poetas siempre querrán corregir con palabras lo que dicen las imágenes, y lo hacen procurando desviar la atención, intensificarla o distraerla; bien dijo Platón que los poetas siempre mienten.

 

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