VINCENT de Hernán Jaeggi. Por Aldo Parfeniuk

sábado, 25 de julio de 2020 · 11:30

Por Aldo Parfeniuk

(Escritor y periodista)

 

         Vincent (monólogo dramático)  de Hernán Jaeggi, es un libro de madurez, hecho con tiempo y para el tiempo. Y es una proeza recreativa;  lentamente amasada y salida de este recalentado horno  que estamos viviendo, tan especial e impensado; y que curiosamente presta marco y temperatura  a esta resucitada vida-poema de un genio  que padeció su drama hasta lo más oscuro de la oscuridad: ese lugar –único-  solamente desde el cual se pueden ver las luces más lejanas: las propias y las del mundo que le tocó en suerte, y que el artista mutilado fue capaz de trasmutar en poderosa y perdurable linterna multicolor.  

Nuestro  autor,  de bien ganado nombre  como poeta y dramaturgo de extensa trayectoria- además  de coordinador de talleres literarios, ciclos de poetas y co director de la revista Palabras de poeta, con casi diez números en su haber-  publicó una primera versión del trabajo en 1994.  Sin embargo, aquella experiencia solo fue el comienzo de un largo camino que  -como explica en el prólogo-  lo llevó a probar diferentes variantes de escritura, que no lo conformaron hasta que, finalmente, según sus palabras: “logré desenterrar el hueso perdido: la única manera de reproducir esa tensión y pasión era desde su propia voz. El pintor debía darle vida al poeta”. Todo un desafío por cierto, cuyos resultados ahora se ofrecen al lector en el cuidado registro con el que la revista Palabras de poeta lanzó –en asociación con Babel, Argos y Reflet de Lettres- su nueva colección  de libros de poesía.

 Y es tomando la voz del genial artista que el libro se abre de esta manera:

(Yo, Vincent van Gogh

le hablo a mi padre

delante de la tumba de

mi hermano Vincent

van Gogh, muerto un

año antes.)

 

¡Padre!...¿Por qué me trajiste

a la casa de los muertos?

¿Por qué debo leer esas lápidas

cerradas para siempre

al calor de la vida?

(…..)

 

Este poema inicial es prácticamente la única pieza no reelaborada de aquella primera edición que tuvimos el honor de presentar en Córdoba con Cristina Dalmagro en el 94  (la época en que Jaeggi  era un exitoso autor teatral radicado en Paraguay); lo demás de la primera versión, mas fragmentos y textos inéditos conforman este nuevo Vincent , notablemente enriquecido   en extensión y profundidad. Para lograrlo fueron fundamentales  las fructíferas experiencias del poeta teatralizando  personajes históricos, como su celebrado monólogo “José Gaspar”,  en el cual logra darle alma y voz al independentista y luego dictador paraguayo Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.

El talento de nuestro poeta, tantas veces invisibilizado por su ciclópea y sostenida tarea de gestor y promotor (tanto de nuevas voces como de cualquier otra forma de poesía: lo mismo para iniciados como para el público en general) logra que el genio de  Van Gogh encuentre palabra y voz legítimas  para decirnos lo más íntimo y sincero –en ocasiones, sublime, en otras desgarrador, siempre apasionado- de su experiencia, única, de crear belleza en el transcurso de una breve existencia signada por el dolor: desde el nacimiento  hasta la muerte.

Este es un libro raro para la época; para  esta época de lo “cortito y al pie” o “al instante y con fritas”.  Para esta época en que el imperativo, además (y sobre todo si se pretende hacer carrera literaria) es producir mucho en poco tiempo, sin importar demasiado si lo que se hace realmente tiene peso y sustancia; cuánto gravita y aporta (“si además de crear anticuerpos, es eficaz” según la jerga del momento) más allá de reflejar la posición de alguno de los tantos sectores en los que, a pesar de la aparente homogeneidad,  hoy se divide y subdivide el campo literario; igual que la sociedad.  Quiso también el destino que  el poemario, de dura y desgarradora belleza, reapareciera en medio de la situación límite que encuentra a la humanidad  caminando por la cornisa y sin redes seguras.

 

AL AIRE LIBRE  (pág. 75)

Para pintar unas montañas

que no se irán de donde están

amarro mi mano al pincel

para que el viento no se lleve

los colores, las palabras

que no son un lugar seguro

donde quedarse.

 

LA SILLA Y LA PIPA (pág. 67)

La silla solitaria

firme sobre sus cuatro patas

sostiene un dolor desnudo y fresco,

algo como un pájaro

recién muerto.

Y sin embargo lo que se ve

sólo es una vieja pipa pensativa

esperando la hora de apagarse

dejándome huérfano,

una vez más.

 

Entre otras características debidamente recopiladas y expuestas por la estética, hay una –para mí excluyente-  que establece que el arte - en este caso la poesía –  en tanto objeto de deseo, es aquello a lo que, una vez conocido, siempre se desea regresar, más allá de cualquier razón. Esa es la feliz experiencia que tuve (que tengo) con Vincent, de Hernán: algo también raro para la época.

El delicado volumen en papel, con un magnífico trabajo de tapa de Laura Sosa Loyola, se puede conseguir (por delivery) comunicándose por wattsapp al  +54 9 351 531-4139.

 

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