¡Ella es Totó!

Por Pedro Solans (Del libro El Sur Negro. Página 20. Editorial Punto de Encuentro. Año 2016)
miércoles, 5 de agosto de 2020 · 11:54

Sonia Bazanta Vides nació en 1940, en el poblado de Talaigua en la isla de Mompós, y se hizo Totó la Momposina cuando Mohana le respondió al cantar una plegaria. Recibió el eco del espíritu burlón del mar y ella se puso a reír, y rió hasta que su risa fue una ola de música bullerengue.

La Totó cree que bailando se acomoda el universo y cantando se curan los males. Siempre se despide de los escenarios con una sonrisa y una mirada brillante de amor mestizo.

El mundo la descubrió en 1982, cuando cantó y danzó en Estocolmo, Suecia, durante la entrega del premio Nobel de
literatura a su amigo Gabriel García Márquez.

En Santa Marta la escuché entre pescadores, y en Barranquillas cuando la emisora ‘Región Caribe Radio’ sonaba fuerte en un taller arreglador de abanicos.

–La música es como el hombre. Debe crecer y no quedarse en un museo o en lamentaciones –dice la diva descalza de los colombianos.
Suena Yo me llamo cumbia y desde el fondo del ómnibus llegan los aplausos.
Leyenda de Mohana. Es la hembra del Mohán y es parecida a la Madre de Agua, pero más agresiva. No permite que le revuelvan la superficie del agua donde flota plácidamente.
–¡Es Totó! –me dice el colectivero con tono reverencial, mirándome por el espejo.
–Sí, ella es la cumbia –respondo.
–¡No! –casi en un grito, salta el conductor. Y en un tono también alto, pero explicativo, dice–, ella es la cumbia, la
gaita, el porro, la chalupa, el sexteto, el mapalé... ¡Ella es Totó!

 

¡Ella es Totó!

Sonia Bazanta Vides nació en 1940, en el poblado de Ta-
laigua en la isla de Mompós, y se hizo Totó la Momposina

cuando Mohana5

le respondió al cantar una plegaria. Reci-
bió el eco del espíritu burlón del mar y ella se puso a reír, y

rió hasta que su risa fue una ola de música bullerengue.

La Totó cree que bailando se acomoda el universo y can-
tando se curan los males. Siempre se despide de los escena-
rios con una sonrisa y una mirada brillante de amor mestizo.

El mundo la descubrió en 1982, cuando cantó y danzó en
Estocolmo, Suecia, durante la entrega del premio Nobel de
literatura a su amigo Gabriel García Márquez.

En Santa Marta la escuché entre pescadores, y en Ba-
rranquillas cuando la emisora ‘Región Caribe Radio’ sonaba

fuerte en un taller arreglador de abanicos.

–La música es como el hombre. Debe crecer y no que-
darse en un museo o en lamentaciones –dice la diva descalza

de los colombianos.
Suena Yo me llamo cumbia y desde el fondo del ómnibus
llegan los aplausos.
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Leyenda de Mohana. Es la hembra del Mohán y es parecida a la Madre de
Agua, pero más agresiva. No permite que le revuelvan la superficie del agua
donde flota plácidamente.

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–¡Es Totó! –me dice el colectivero con tono reverencial,
mirándome por el espejo.
–Sí, ella es la cumbia –respondo.
–¡No! –casi en un grito, salta el conductor. Y en un tono
también alto, pero explicativo, dice–, ella es la cumbia, la
gaita, el porro, la chalupa, el sexteto, el mapalé... ¡Ella

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