Una cena a ciegas en Bohemia bistró

La noche de Lele Cristóbal en Colonia del Sacramento

lunes, 29 de noviembre de 2021 · 13:33

Por Pedro Jorge Solans

(Escritor y periodista)

 

Este mes de Noviembre atraviesa la pandemia con un clima soñador. Colonia del Sacramento se reinventa pese a ser una de las ciudades uruguayas más preciosas del otro lado del Río de la Plata. Está ubicada bien enfrente a Puerto Madero. Buenos Aires se ve como parte de las aguas que suelen inquietarse para parecerse al mar.  

Colonia ofrece su barrio histórico con calles de adoquines rodeadas de edificios que datan de la época en que era un asentamiento portugués, que datan de las batallas entre españoles y lusitanos, pero sus vistas panorámicas del río no alcanzan para seducir tras semejante azote que la pandemia del COVID-19 dio al mundo.

Entonces, la imaginación del hombre aparece en todo su esplendor y sortea lo inevitable y una noche llegó a Bohemia bistró, un genio de la cocina de estos tiempos. Cruzó el río con su Café San Juan a cuestas y abrió una cena a ciegas.

La puesta del sol es única. Las aguas del río acompañan y ahí está en la cocina Lele Cristóbal con su equipo. El argentino parece feliz, sabe que sus manjares desnudarán la noche colonial. Todo es una fiesta. Suena Jorge Drexler. En la calle te reciben unos aperitivos que avisan de los buenos vinos que están produciendo en la zona de Carmelo.   

Apenas se enciende el faro histórico de Colonia, en la mesa se posa un pan de campo, una tortilla, alioli y anchoas acompañado con Vermouth Rosso, cañada quemada y soda.

En ese momento, Lele empieza su show con la confianza que le da la apuesta a ganador. Algunas notas periodísticas mientras controla el fuego y prueba los platos. Charla con los comensales y posa con sus fans. Lele actúa con su entrada, la Bohemia se llenó. No hay más mesas vacías. La entrada es un maná caído al río y recogido por las camareras que corren por los Vegetales a la plancha con Bagna Cauda, huevo jugoso, migras fritas y langostinos.

La botella del blend de moda montevideana, tanat-bonarda se había rendido y apenas se descorchó la segunda, el primer plato pidió permiso con un pastel de boniatos asados, cordero especiado, ensalada de garbanzos y pepino con yogur natural y menta.

La noche era un delicia rioplatense. Nunca había experimentado la sensación que produce un tango alegre. Acepté que Carlos Gardés había nacido en Tacuarembó, pero con la condición que los presentes aceptaran que Carlos Gardel era argentino.

Y de pronto, Lele irrumpió desde lo profundo del placer con arroz meloso a la leña, con chorizo casero, arvejas, espárragos y calamar a la plancha con chimi de boquerón.

Lele sabía que había ganado la noche, que Café San Juan brillaba sin domicilio y que con el postre cerraba su noche demoledora en Colonia.

Para el espumante, pionono a la plancha con frutas quemadas, dulce de leche y crema batida. Luego dormir no cuesta nada.

 

 

 

  

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