Gran homenaje al libro

Editores y escritores en la Caja de las Letras del Cervantes

Muñoz Molina, Manuel Rivas, Bernardo Atxaga, Carme Riera, Luis Alberto De Cuenca, Cristina Fernández Cubas, Pilar Reyes, Valeria Ciompi y Manuel Borrás dejaron constancia de su trayectoria
miércoles, 21 de abril de 2021 · 10:26

Colaboración María José Romero Santiago

Fuente: Instituto Cervantes

 

El Instituto Cervantes abrió con esta cesión múltiple la Semana Cervantina 2021, este martes pasado.

Seis grandes escritores y tres responsables de importantes editoriales rindieron hoy un homenaje al Libro en un acto colectivo en el que depositaron en la Caja de las Letras sus respectivos legados y con el que el Instituto Cervantes abre la Semana Cervantina 2021.

Los protagonistas fueron los escritores Antonio Muñoz Molina, Manuel Rivas, Bernardo Atxaga, Carme Riera, Luis Alberto de Cuenca y Cristina Fernández Cubas, así como los responsables de tres importantes editoriales: Pilar Reyes (Alfaguara), Valeria Ciompi (Alianza) y Manuel Borrás (Pre-Textos).

El director del Instituto Cervantes dijo estar feliz por este acto de homenaje al libro, que es «la mejor metáfora de la libertad en la sociedad moderna», mientras que la lectura es «el mejor símbolo del contrato social». «Celebrar el Día del Libro es apostar por una cultura basada en el respeto a las conciencias individuales y entender la libertad como un acto de convivencia, y no como la ley del más fuerte», sentenció.

Tras declararse admirador de todos los autores invitados al acto, Luis García Montero apuntó que «nuestra literatura es una buena manera de representar una comunidad basada en los valores democráticos que hacen de la libertad una riqueza». Por ello, escritores y editores representan «el entendimiento en las distintas lenguas de nuestra cultura que conviven, generan identidades abiertas y huyen de cualquier fanatismo tan de moda en el mundo de la polarización que debe combatir la cultura».

Por su parte, la directora general del Libro y Fomento de la Lectura reconoció la importancia de autores y editores, que forman «el ecosistema del libro como una unidad con eslabones interdependientes». Para María José Gálvez, los libros «son la prolongación de lo que uno piensa, siente y sueña». El libro «es bello en sus formas y en todas las lenguas», uno de los inventos que ha sobrevivido, y por ello se merece un elogio, una honra y un homenaje como el que organizó el Cervantes.

Antonio Muñoz Molina dejó los cuadernos preparatorios para el ciclo de conferencias que impartió en 2019 en la cátedra del Museo del Prado. Una carpeta con apuntes y borradores escritos a mano y con tinta, lo que le dio pie para reivindicar la materialidad física del trabajo del escritor, algo que no es patente en el libro electrónico, «un aparato de lectura que nos conduce a la dominación hegemónica» de gigantescas empresas que no reconocen los derechos de sus trabajadores dijo. El autor de El jinete polaco también destacó que el escritor no trabaja en solitario, sino que su obra es resultado de la imprescindible coordinación con otros sectores: editores impresores, ilustradores, etc.

Luis Alberto de Cuenca, muy parco en palabras -solo dijo que «hoy es un día muy importante, se parece a la felicidad y a un sueño»-, depositó la máquina de escribir IBM de cabezas móviles que utilizó durante años, así como dos de sus libros: El enemigo oculto y la antología Qué haría yo sin mis tebeos.

El legado de Cristina Fernández Cubas fue una carpeta con un dibujo de la casa de Arenys de Mar donde nació y vivió hasta su primera juventud. En este «museo de objetos invisibles» que es la Caja de las Letras, quiso dejar ese dibujo acompañado de un texto, algo «muy sencillo y muy sentido» pero que le marcó, porque esa casa «es la verdadera autora de casi todo lo que llevo escrito hasta ahora».

 

Literaturas catalana, gallega y vasca

 

Las literaturas catalana, gallega y vasca estuvieron representadas por Carme Riera, Manuel Rivas y Bernardo Atxaga, respectivamente. Carme Riera dejó un buen número de libros, entre ellos una primera edición de su primera obra, Te deix, amor, la mar com a penyora (1975) y otra versión en castellano; su ensayo El Quijote desde el nacionalismo catalán; algunas tesis que se hicieron sobre su obra; una foto de sus amigos José Agustín Goytisolo, Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma; y, como elemento simbólico, una botellita de agua del «mar catalán» traído a Madrid, «el rompeolas de todas las Españas».

Manuel Rivas, para quien «la literatura es la hermandad secreta de las palabras», dejó cuatro ejemplares de su famosa novela El lápiz del carpintero en castellano, gallego (O lapis do carpinteiro), italiano (Il lapis del falegmane) y francés (Le crayon du charpentier), todas ellas acompañadas –tal como se vendían-con un lápiz real de los que usa ese gremio. También, una carpeta con el original (en mecanografía y a mano) de la novela En salvaxe compaña, que escribió en 1992-1993 en Irlanda, y un ejemplar dedicado de su poemario en gallego Mohicania (1986), libro agotado y descatalogado, «una especie extinguida», del que leyó unos poemas ecologistas.

Bernardo Atxaga (grabado en vídeo entregando el legado hace unos días) dejó una carpeta con notas manuscritas diversas, sus libros Etiopia. Libro de poemas (con un CD de Ruper Ordorika que le dio popularidad), Obabakoak (en euskera), El paraíso y los gatos (en castellano y euskera) y el documento Elegía dedicada al pintor Vicente Ameztoy, escrita a mano y leída durante la ceremonia fúnebre, entre otros objetos. A ello se suma un documento secreto en un sobre, que no se abrirá hasta el 27 de julio de 2051, fecha en la que el autor vasco cumplirá «de una manera u otra» cien años.

 

Los catálogos de grandes editoriales

 

Por su parte, los tres editores bucearon en sus amplísimos catálogos para dejar constancia de la trayectoria de sus editoriales. Así, Valeria Ciompi (Alianza Editorial) depositó una primera edición de Unas lecciones de metafísica de José Ortega y Gasset, título con el que empezó la colección El libro de bolsillo (1966); una carta de José Ortega Spottorno a Alianza cediendo gratuitamente la traducción de La Metamorfosis de Kafka (1965); una prueba de cubierta de El lobo estepario diseñada por Daniel Gil; y un certificado de tirada emitido por el Ministerio de Información y Turismo de Los pazos de Ulloa (1966), de Pardo Bazán. De la etapa más reciente, la propuesta de renovación de El libro de bolsillo y del logo de Alianza, hecho por el diseñado Manuel Estrada (2010).

Pilar Reyes dejó una escultura de las que recibe el ganador del Premio Alfaguara, creada por Martín Chirino especialmente para este galardón que nació en febrero de 1998, así como dos libros: Alguien que anda por ahí, de Julio Cortázar, y Mapa de Región, de Juan Benet (1983).

Por último, Manuel Borrás depositó una edición de Las cosas del campo de José Antonio Muñoz Rojas, una edición especial y limitada de algunas cartas de Ramón Gaya con un grabado original, la primera edición de El Gato encerrado de Andrés Trapiello y una pequeña serie de dibujos de Ramón Gaya.

Con esta donación múltiple, la Caja de las Letras eleva a 79 el número de legados que custodia en sus cajas de seguridad. Es la primera vez que el Instituto organiza una cesión tan numerosa (suelen celebrarse de manera individual), si bien en febrero de 2019 dejaron también en un acto conjunto sus legados otros cuatro editores de referencia: Jesús García Sánchez (Visor), Jorge Herralde (Anagrama), Beatriz de Moura (Tusquets) y Jesús Munárriz (Hiperión).

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