Con el poeta salteño Marcelo Sutti

En la inauguración del Bosque de la Poesía “El Cebil”, de Salta

Por Aldo Parfeniuk
miércoles, 4 de agosto de 2021 · 20:33

Por Aldo Parfeniuk

(Poeta y ensayista)

 

“En agosto los lapachos/ suelen florecer amores…” comienza diciendo una canción del riojano Pancho Cabral,  titulada “Como esperando la vida”. Y es muy cierto, además de hermoso, lo que dice. En agosto, de La Rioja para arriba todo el norte se va vistiendo de lilas, blancos y rosados nuevos para esperar, con desfiles de colores y perfumes inacabables, la vida toda, entera: en su unidad, que jamás discrimina.  Y los árboles,  las plantas, los bichos, junto al resto de  los seres vivientes, respiramos al unísono el ritmo cósmico del universo; de este universo que cada primero de agosto le da permiso a la Tierra para regalarnos  un año más de sustento, de existencia: a pesar del puñado de poderosos que sigue  obstinado en cambiar o destruir  ese  ritmo para acrecentar sus fortunas.

Pensando en ello es que con Vilma Villalba y Silvia Coggiola nos largamos para Salta, para seguir dándole cuerpo al proyecto que a fines del año pasado nos propusimos con Teuco Castilla, Pedro Solans y un  grupo de poetas del país y de Latinoamérica en constante crecimiento; y para compartir la apertura del sexto Bosque de la Poesía en el Espacio Cultural “El Cebil” que la poeta Verónica Ardanaz viene alimentando desde hace años en estrecha consustanciación con las ancestrales culturas del noroeste, vecinos  y pobladores aborígenes de la región. Se trató de una jornada muy especial, puesto que coincidió con el Inti Raymi –el solsticio de invierno-: la  gran concelebración  y ceremonia de gratitud al Padre Sol y a  la Madre Tierra.

Numerosos poetas, escritores y artistas salteños acompañaron la actividad (son en realidad los auténticos dueños de estos  espacios salteños) entre otros  Silvia Katz, Martín Leguizamón, Julio Oliver, Nadia Szachniuk, Carlos Vargas, Lucrecia Coscio, Atilio Romano, Eduardo Robino, Rolando Vargas y Marcelo Sutti . Otros (Fernanda Agüero, Carlos Muller, Carlos Aldazábal…) que no pudieron asistir, acompañaron con el corazón.

Fue con el poeta MARCELO SUTTI –uno de los protagonistas centrales del evento y a punto de inaugurar otro Bosque salteño- que mantuvimos esta entrevista, antes de despedirnos de "La Linda", y brindando por la Madre Tierra y la poesía en una de las salas cargadas de historia y bohemia de la legendaria Casona del Molino.

 

¿Marcelo, qué reflexión te queda después de la inauguración de este nuevo Bosque?

Lo primero que debo decir es que ha permitido la gratificante visita que ustedes nos han hecho aquí, en Salta, para acompañarnos en esta inauguración en la que me considero un invitado más. Si debo nombrar a responsables de la buena organización que hubo, ellos son Rolando Vargas y Verónica Ardanaz, entre otros. Yo acompaño, totalmente consustanciado con esta iniciativa, que en Salta ya cuenta con seis Bosques de la Poesía.

 

Alguien podría preguntarse:¿y porqué es importante que haya Bosques de la Poesía?.¿ Qué le responderías?

Es importante porque a través de esta realizaciones hacemos visible la necesidad de que siga habiendo naturaleza ( selvas, árboles, ecosistemas…) y además, que esos espacios también sean un lugar para la poesía: como dice el Teuco: “Para que los bosques de la poesía nos devuelvan la poesía de los bosques”.  A diario estamos viendo cómo cambia hasta el mismo clima debido al sacrificio de la naturaleza. No importa que, como sucede en Salta (salvo el norte de la provincia en donde se sigue agrandando la frontera agropecuaria) aún tengamos una buena reserva vegetal, forestal…Estas acciones de los Bosques de la Poesía, por ejemplo, hacen que los niños, los jóvenes y la gente en general vean y participen de estas acciones y de su existencia no solo como una celebración sino también como una advertencia de lo que puede ocurrir; y de lo que seguramente vendría después si seguimos depredando; en un futuro que ya está aquí….

 

En tu poesía está muy presente la naturaleza. Pero en tu vida también: prueba de ello es ese pequeño bosque propio que tenés en La Silleta, en el cual desde hace tiempo está transcurriendo parte de tu vida. Te has preguntado a qué obedece ello?

Sin ninguna duda es una necesidad muy intensa. El de La Silleta es un lugar que diariamente siento que me espera y que yo espero. Y que, curiosamente, no lo considero como propio: uno es el pasajero del lugar; y si se mantiene como tal sé que mucha gente va a seguir disfrutándolo. Hay algo esencial en querer compartir ese bosque: y tal vez en eso también está la razón profunda de querer participar en un proyecto como el de Bosques de la Poesía. Es tan maravilloso lo que se siente bajo esa sombra y con esa brisa diferente; y esos aromas, siempre cerca de los pájaros, lo cual a uno lo lleva a querer compartir  lo que la naturaleza nos brinda. Uno siente que eso no debe ser algo privado.

 

Para terminar: ¿Cuál será tu próximo libro de poesía?

Vos sabés que yo estoy muy involucrado con el soneto (por más que también frecuente el verso libre) y siempre tengo proyectos en esa dirección. Pero en este momento es complicado llevarlos a cabo, debido a todos los inconvenientes para editar y para presentar y difundir los trabajos. Un libro que publiqué en el 2010 todavía no pudo ser presentado. Sin embargo, tengo un nuevo libro de sonetos y la decisión firme de volver a compartir siempre lo que uno puede decir, ya que es tan placentero escribir como compartir lo que uno escribe. Pienso que si uno hace el esfuerzo de escribir y publicar algo es para compartirlo, para que el libro fluya, lo cual no es algo que vaya en contra de quien pretende vivir de la poesía: modestamente me conformo para vivir en la poesía, diariamente. Mi próximo libro apunta a volver a compartir lo que pasó durante este tiempo: lo que soy, lo que voy viviendo, incluyendo lo de esta pandemia que nos atraviesa y que de algún modo nos iguala.

Un poema de Marcelo Sutti:

SAHUMERIO

 

Llegó agosto arrastrando su carroza

por los malos presagios agobiado

y en un intento audaz, desesperado,

suelta en humo su vocación piadosa.

 

Es una telaraña misteriosa,

fuego distinto, bálsamo esperado,

que ahuyenta los fantasmas y el pecado

como si fuese el soplo de una diosa.

 

Nada puede esconderse de la nube

que acaricia a la tierra y luego sube;

una indulgencia que el temor reclama…

 

Estigma del octavo mes del año

que amparado en el credo de un rebaño

abre los ojos de la Pachamama.

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