Dos nuevos libros de Leopoldo Teuco Castilla

Belleza y profundidad de una gran poesía

Por Aldo Parfeniuk Especial para El Diario

Por Aldo Parfeniuk

(Poeta, ensayista y periodista)

 

 Los dos últimos libros de Castilla editados por el sello cordobés Nudista.

 

   Aunque en poesía no es posible generalizar, y menos con relación a una obra construida a lo largo de varias décadas, en “Jerusalén el tigre de Dios” y  “como si hubiera pasado una garza” (los dos últimos libros de Leopoldo Teuco Castilla) se cumple acabadamente lo que se afirma en  ambas contratapas. Del primero  que pertenece “a una saga, dentro de su producción, que se inscribe como un canto  al planeta”; y  del segundo que pertenece “a una serie, dentro de su producción, cuyo eje central es la humanidad”  Estas dos esferas –“planeta” y “humanidad”-  conforman un ambicioso todo humano/astral cuya cobertura  demanda  talento, trabajo y una caudalosa información, adquirida no solo leyendo libros y frecuentando diversas disciplinas, sino conociendo gentes, geografías y multiplicidad de singularidades, humanas y naturales,  que en la voz de Castilla reconocen la propia.  Hacerlo le está llevando al poeta más de treinta libros, escritos durante varias décadas.

    Con “Jerusalén….”  esta vez le tocó el turno a uno de los paisajes sacros centrales de los últimos  milenios de la humanidad, escenarios iniciales tanto de la iglesia como de la mezquita. Y lo hace  a través de las historias, leyendas y  figuras centrales de aquellos primeros días, en los que aparecen retratados hechos y protagonistas que arraigaron con fuerza en direcciones hoy divididas entre Oriente y Occidente.  Las escenas y los escenarios puestos en poesía – tarea nada fácil y que gratifica mejor al lector con buena memoria de aquellos días- están tratados con el mismo genio al que  ya nos tiene acostumbrados el poeta.  La palabra fundacional  de los diferentes profetas, sus templos, sus ídolos y símbolos; las aventuras y desventuras de aquella época (pre romana)  cobran vida intensa y emocionalidad en poemas construidos con rigurosos datos históricos y rica imaginación. El tema de este libro es una  cuestión sensible y más que seria para muchos creyentes  que quizás  hasta dudarían que el saber de la poesía tiene autoridad para  volver a sentir y hablar desde dentro de esos aconteceres.   La indiscutible capacidad re-creativa de Castilla,  cala hondo y con absoluto cuidado y respeto para introducirnos  en el mundo religioso-cultural del cual salieron los actuales, con sus matices y divisiones y como respuestas al vacío. El poeta abre su libro con este texto:

 

Sobre una sucesiva

demolición metafísica

se edificó Jerusalén.

Esta aldea

atacada por los cielos,

este estertor

que extendió la leyenda

fue el campo de batalla

entre el final del hombre

y el principio del mundo.

Encerrado afuera de las murallas

el planeta

ha sido suplantado

por este laberinto

que guía el abismo humano

           hacia las fauces de otro abismo.

En el camino se ven los templos

que construyó la fe

                        por horror al vacío:

la iglesia preserva

el hueco donde estuvo el Nazareno,

la mezquita

                  la ausencia del Profeta

y una cifra invisible

                        al Dios de los judíos.

Un campo de inminencias

donde ambulan los creyentes

y vuela la muerte

dividida,

        sobre tres precipicios.

                                                         (“Plano de Jerusalén” p.11)

 

    El otro libro de este bi-lanzamiento de nudista –la editorial que ha venido publicando los últimos trabajos de Castilla-  aborda temas  de mayor cercanía a la vida personal  del  poeta y responden a circunstancias y secuencias de diferentes épocas y hechos de los intensos años del poeta  de andar mundo, mirar, registrar y “pasar en poesía” (que no es lo mismo que “pasar en limpio”) esa masa artística/vivencial.    Teuco Castilla es alguien que nunca pudo dejar de escribir sobre lo que siente y piensa; y que nunca deja de buscar y buscar, hasta llegar a la médula . Y a eso logra transmitirlo maravillosamente. En realidad, no sería una mala idea calificar a Castilla como un precursor  y cultor de un maravillosísimo realista capaz de encontrar en lo más próximo y simple de la realidad señales para el asombro y la reinvención: todo, si sabemos escucharlo, mirarlo, es maravilloso. Lo cual alcanza a las personas. Su quererlas en palabras es entrañable y  su poesía  de diferentes épocas ofrece acabadas pruebas. Es desde allí, desde esa filialidad  que, entre tantos amigos que ya no están, en este poemario Teuco  vuelve a poner en escena lírica  (y entre otros) a ese gran artista trashumante del titiretismo que fue Javier Villafañe:

 

Ese señor con tres sombreros en la cabeza

con una carreta, una barba colorada y once títeres,

está autorizado

a despenar el purgatorio,

a reducir todo el infierno

                              a un colibrí

con el trino del diablo.

Javier Villafañe se llama. Caballero sobrenatural

que fue en la tierra

zorro, fantasma, princesa y caballo.

Bebió con Jesús cuando llegó a su casa

mendigo y con cuatro perros,

inclinó reyes, oxidó tiranos,

los niños fosforecían de solo verlo,

las damas pierden el color, se espiritusantan

por resucitarlo.

Iba de prodigio en prodigio

por eso aparece tanto.

Ni la Parca sabe qué fue de él.

Ni quien la mueve

                 detrás del escenario.

                                           (“como si hubiera pasado una garza” p.36)          

     No hace mucho el poeta y ensayista mexicano David Huerta ( uno de los últimos  premiados en la feria del Libro de Guadalajara) comentaba que para él la poesía era una suerte de súper género, a partir del cual se hacía el resto de la literatura; razón por la cual una novela, un cuento, una historia,  ensayo o letra de canción finalmente valen  por su “tasa” de poesía. En este punto cabe citarlo al mismo Castilla, que al comienzo de un breve poema  de “como si hubiera pasado….” escribe: “Viaja/ clandestino/ el misterio de la poesía/ cuando vuela hacia otra forma…” (p.48) . Y Castilla lo sabe por madurada experiencia. En todos sus trabajos con la palabra fuera del género poesía (que son muchos y variados) siempre  hay poesía: hasta en el antiguo y humilde arte de los títeres que él cultivó y cuya sabiduría también sabe muy bien cómo hacer volar hacia otras formas. Lo mismo sucede con los diferentes mundos temáticos que aborda con sus poemarios (geografía, filosofía, artes visuales, física y astronomía, etc…) En el caso de su reciente “Jerusalén, el tigre de Dios” la poesía vuela desde y hacia las religiones y los mitos. Finalmente.   Su “secreto” de poeta es muy sencillo: consiste en entregarnos en cada una de las líneas de sus poemas, un rasgo de  belleza, un hallazgo, una revelación. La suma de esas líneas de poesía no pueden sino terminar en admirables poemas.

    A pesar de lo que cuesta hoy encontrarse con libros de poesía, vale la pena el esfuerzo de conseguir alguno  de Leopoldo Teuco Castilla. Las librerías actualizadas seguramente tendrán algún ejemplar de su amplia producción. De última, siempre tenemos el modesto recurso de Google.

                                                                      

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