Periodismo poético sobre la partida de un joven carlospacense

Algo que ver en la nube

Por Pedro Jorge Solans
lunes, 12 de septiembre de 2022 · 00:01

por Pedro Jorge Solans

 

I

Reaccionó con sus virtudes y miserias con la ley de Jano en sus manos.

No fue un ataque artero sino la necesidad que suceda

a pedido de los profetas del poder.

La ciencia dormía sobre halagos entretenidos

en hoteles de tantas estrellas,

mientras el mercado regulaba el avasallamiento de la miseria,

y de la rutina.

De golpe,

el golpe se derramó como lo pedían quienes saben de protocolo.

Quedaron atónitos, con preguntas sin respuestas.

con las cepas abiertas en otoños

y en los inviernos crudos,

un sismo interior

en la plenitud del azul mar

y en primavera rosa quizá,

para que el rojo florezca en verano.

El mundo, al final es sabio, tanto como la naturaleza,

tendrá huéspedes en la garganta

hasta que sea necesario,

para un asombroso amanecer de estación indefinida

donde una ilusión de amor de verano

pase comiendo un racimo de uvas

abrazada a nosotros,

oliendo jazmines  

o plantando barba de chivo.

 

II

 

Julián Cornaglia sirvió dos vasos de whisky,

miró su reloj y no marcaba más el tiempo;

 se sentó en una mesa de ventanas abiertas

y, con ojos vidriosos de pupilas gastadas,

preguntó a su amigo invisible:

-¿Cómo enfrentaremos la tragedia?

Y sí; en la misma mesa de la parrilla La Volanta,

sobre una avenida enloquecida

escuchó su voz:

-Unidos de la mano, caminando separados para que sepan

que no moriremos en un holocausto ajeno.

No; claro que no.

Tendremos nuestra propia partida,

y será diferente, sencillo, como un paso de primavera al verano

en el mismo aire.

Cuando nuestro viaje se anuncie

ya no se comerá carne roja, ni blanca, ni peces,

ni huevos, ni frutas, ni verduras.

No se beberá leche, ni vino, ni agua,

ni se compartirá la mesa

dejará de ser un rito social

de gustos y olores conocidos.

Será otra, la época y otro el mundo,

pero tan sabio, como el que nos despedirá.

 

III

 

Las percepciones y las sensaciones alcanzarán

para alimentar en tabletas sobrias y precisas,

exactas,

para mantener los servicios en una caminata

por la nube donde la tierra será un olor

y el sol, un recuerdo.

Nadie cantará como los ríos, los pájaros de tus sueños.

Nadie necesitará los errores para mantener los aciertos.

No habrá restos humanos para velar

ni el instante tendrá una puerta

para golpear.

Lo simultáneo reinará y sin distinción

habitarán los muertos y los resucitados

solo por la memoria y el corazón.

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