Aldo Parfeniuk habla de su último libro "Ecopoesía."

La poesía y la ecología en la obra de Leopoldo Castilla, Edith Vera, Manuel J. Castilla, Romilio Ribero y Dulce M. Loynaz.

Entrevista a Aldo Parfeniuk

Desde la redacción de El Diario de Carlos Paz.

 

 

¿Cuál es la razón de ser de esta Última obra que recientemente presentó en Buenos Aires?  

El propósito de este ensayo es compartir algunas reflexiones y comentarios sobre aspectos que tienen que ver con la palabra, el lenguaje, la poesía, la naturaleza y la crisis ambiental del planeta,  todo en el marco de los objetivos generales del movimiento comunitario Bosques de la Poesía, generado en nuestro país junto a los poetas Teuco Castilla y Pedro Solans. El primer Bosque se hizo en Villa Carlos Paz, donde vivimos Pedro y yo.  Ya hay más de cincuenta en todo el país y en otros países en los que prendió la idea.  Y cada vez adhieren más poetas, comunas , municipios, que fundan sus Bosques para que funcionen como viveros de plantas nativas en riesgo y espacios culturales a cielo abierto dando cobijo a los nombres de tantos importantes poetas olvidados.   

Usted es poeta, investigador y ensayista: ¿qué hay de estas tres actividades en este nuevo libro?

Yo creo que hay de cada una un poco. Por una parte procura ser un ensayo de divulgación de una disciplina, como la ecopoesía, poco conocida y trabajada, por la otra la sensibilidad y lectura de otros poetas que solamente la podemos hacer quienes escribimos y transitamos la experiencia poética y, por último, porque para ello hay que investigar seriamente.

 

En el libro usted estudia aspectos de la obra de cinco poetas

Efectivamente, una parte importante de la obra de Leopoldo Castilla, Edith Vera, Romilio Ribero, Manuel J. Castilla y Dulce María Loynaz  -todos poetas de indiscutible calidad- invita a ser leída en este libro en clave de ecopoesía, en tanto ejemplos no solo de su presencia de hecho en la literatura, sino como perspectiva y herramienta, tanto de análisis cuanto de creación: se escriben (se escribieron y escribirán) ecopoemas al tiempo que se puede interpretar y analizar poesía desde la ecopoesía en tanto capítulo de la ecocrítica.

Los poetas analizados en este libro, a su modo, de diferentes maneras y a través de motivos y metáforas diversas, expresan artísticamente esta problemática, de modo celebratorio pero también crítico. Los poetas son los primeros ecologistas no reconocidos: son quienes  nos enseñaron, con sus poemas o canciones, a conocer y a respetar a la naturaleza en sus diferentes manifestaciones..

 

Otros escritores – narradores o ensayistas como usted- también abordan esta cuestión tan acuciante: ¿por qué eligió a los poetas?

 Estoy convencido de que el poeta es la antena humana de registro más sensible; no solo de los mínimos sucesos de la realidad visible, sino de las pulsiones y las inminencias mismas que guarda lo oculto y lo por venir: en toda la escala de lo espiritual y lo material.

Hay quienes postulan, desde la filosofía, una visión de la naturaleza que se desprende del descubrimiento del ADN, del código genético. Para este paradigma la naturaleza ya no sería cosmos ni laboratorio, sino código. Según lo cual los seres vivos no somos diferentes al gran resto del todo del que formamos parte. Somos “carne de estrella”; o “polvo enamorado”, según hace  tiempo lo dijeron los poetas; verdaderos adelantados que percibieron y “descifraron” este código.

 

¿Usted cree que esta época que atraviesa la humanidad pide que el arte intervenga de algún modo?

Por supuesto. Hoy más que nunca los poetas no podemos permanecer ajenos a la problemática: el artista vive y trabaja dentro –y no fuera- de un espacio-tiempo concreto. Y además la poesía puede (debe) hacerlo porque  no responde a obediencias debidas. En nuestro país, y en el año de la pandemia de Covid 19  (2020) surgieron los Bosques de Poesía. Por un lado, como la posibilidad de que el trabajo poético no fuese solamente una tarea artística-intelectual circunscripta a la silenciosa y recogida individualidad creativa de la mujer o el hombre que se sientan a escribir

Es sabido  que la poesía –expresión máxima de cualquier idioma- alimenta, amplía y sostiene  la diversidad lingüística (sinónimo  de  biodiversidad) ampliando fronteras y en tanto fuente nutricia de los diferentes lenguajes que el hombre necesita cada vez que su visión de mundo cambia.

Aquí usted hace intervenir también a la lingüística: ¿es necesario?

 Le dije que el poeta es el primer ecólogo del lenguaje; y ello no solamente porque su poesía habla de montañas, ríos o selvas…Es más profundo el tema, El poeta  es quien se dedica a optimizar los recursos verbales, el rigor y la creatividad del idioma, cuidando de no generar desperdicios, palabras de más que no dicen nada, desvalorizando la lengua. Los deshechos, la basura verbal, queda a cargo de los malos políticos y los sofistas que proliferan cada vez más, produciendo fakenews,  posverdades, publicidades mentirosas o nuevas iglesias y dioses que, en realidad, lo que buscan es  alimentarse de más dinero; sin escrúpulos para arruinar palabras y lenguas enteras.

Y no  solo porque no produce desperdicios, sino porque hace nacer “cosas” vivas, necesarias: ejemplares que serán tales si pudieron realizarse cumpliendo sus leyes y escuchándose a sí mismos para poder crecer, ensanchar la vida y enriquecer el mundo.  Antes le dije –y comparto la noción- que el Universo -es decir el todo- es código: pura energía informada, que circula haciendo  que las cosas sean. 

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