¡Pu, Pugliese. Pu, Pugliese!

Por Francisco Bagalá (Con el tango en las venas)

Pero no vayas a creer que es fácil... y menos hablando de un hombre como (don Osvaldo) Pugliese. Es bravo; en realidad, me sentía mucho más cómodo hace unos años, cuando iba a reventar las primeras costuras de mi piel en las milongas de Huracán.

A gritar junto a otros muchos enfermos, aquello de ¡Pu Pugliese, Pu Pugliese!. ¡Qué lindo! Qué fanático de don Osvaldo se puede llegar a ser...

Me parece verme todavía con la "barra del botón" empilchada de divitaso riguroso, sacudiéndonos al compás de la trompeta escandalosa del Negro Esteban, o con los Santa Anita ritmo en el alma y otros tantos que metían un ruido que reíte de Los Gatos y demás bichos de ahora. Pero de repente terminaba el bugui, terminaba el levante, se paraba el movimiento y se acababa todo, porque el maestro Pugliese estaba subiendo al palco.

Y ya se acomodaban los melenudos de los fueyes, ya el glosador Negro Mela se hacía la gárgara de vinacho y ya se acercaba el Flaco Morán y se desmayaban un montón de gordas, y ya se hacía el silencio hondo, denso y tenso, casi de templo, quebrado al final de cada interpretación por aquel ¡Pu-Pugliese! que parecía un ¡terremot

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