Perú: Renuncia el ministro de Relaciones Exteriores

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe (Escritor, periodista y catedrático)
martes, 17 de agosto de 2021 · 19:21

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe

(Escritor, periodista y catedrático. Autor de la novela El gaznapiron)

 

Ya era hora de que renunciara Héctor Béjar, exministro de Relaciones Exteriores. La exigencia de su renuncia provino de casi todas las tiendas políticas. Afirmar, como lo hizo Béjar, que la Marina de Guerra del Perú inició el Conflicto Armado Interno es una mentira. A los peruanos no nos cabe la menor duda de que en 1980 Sendero Luminoso declaró la guerra contra la democracia apenas restaurada en el Perú.

Las fuerzas armadas y policiales derrotaron en el campo de batalla a los partidarios de Sendero Luminoso. Con todas sus limitaciones y el infamante lastre de la violación de los derechos humanos y de las leyes de la guerra, fueron ellas y las rondas campesinas las que acabaron con los sueños de sangre y dictadura ecuménica de Abimael Guzmán y sus prosélitos.

El sistema democrático permitió que, en medio del fragor del combate diario, pudiéramos señalar, reprochar y castigar las violaciones de los derechos humanos y de las leyes de la guerra cometidas por Sendero Luminoso y por las fuerzas armadas.

 

El Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación constituye un documento histórico que echa luz sobre el momento y el espacio que eligieron Abimael Guzmán y su comité central para empezar la guerra más cruenta de la historia republicana del Perú.

El hecho de que pudiéramos firmar manifiestos contra las ejecuciones extrajudiciales de Sendero Luminoso y al mismo tiempo denunciar aquellas perpetradas por las fuerzas armadas, no justifica el intento de ponerlas en pie de igualdad respecto a Sendero Luminoso.

El sacrificio y la inmolación de soldados y civiles peruanos en la lucha contra los designios polpotianos de la dirigencia del Partido Comunista del Perú nos permitieron no sólo derrotar a Sendero Luminoso, sino asimismo capear y acabar con las pretensiones dictatoriales de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Ambos, y otros, están en la cárcel merced a la libertad de expresión y al poder judicial, es decir, gracias a la democracia que intentaron suprimir y sobornar.

Unas elecciones libres han determinado que Keiko Fujimori, heredera del dictador Alberto Fujimori, no llevara al poder a un grupo político esencialmente corrupto e ineficiente, cuyo exponente más precario es Vladimiro Montesinos.

Vladimiro Montesinos y Abimael Guzmán están presos en la Base Naval del Callao del Perú. Montesinos la mandó a construir cuando era el espía en jefe del dictador Alberto Fujimori.  

 

Como peruano, me siento orgulloso del heroísmo de nuestros soldados y de la victoria de la democracia que sin ellos habría sido imposible. Tal sentimiento, sin embargo, no debe limitar la condena a las violaciones de las leyes de la guerra y de los derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas. Son muchas las fosas comunes y grandísimo el dolor de los deudos.

Pero de allí a afirmar que la Marina de Guerra del Perú inició el conflicto armado en el Perú hay una distancia objetiva muy grande, cuyo desconocimiento ha determinado la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores a pocos días de su nombramiento.

El Perú disputa con Colombia el primer lugar en el mundo de la producción de cocaína. Esto hace urgentemente necesario que los servidores públicos como el ministro de Relaciones Exteriores muestren y observen su beligerancia contra Sendero Luminoso y el narcotráfico. Héctor Béjar, por el contrario, evidenció una condescendencia meliflua respecto al terrorismo, expresada en la mentira de que la Marina de Guerra del Perú inició la guerra que nos costó la vida de casi 70 000 personas.

Sendero Luminoso no ha dejado de existir y su añeja alianza con el narcotráfico es tan clara como en un principio. Muestra de su existencia es el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef). Así como si Fujimori hubiera ganado las elecciones habríamos tenido que bregar contra la ultraderecha fascista, en la actualidad nos vemos forzados a lidiar contra la sospechable penetración de Sendero Luminoso en el gobierno de Castillo.      

 

La vigencia de Sendero Luminoso en el área geográfica —conocida como VRAEM— donde se produce cocaína supone su dependencia del tráfico de dicha droga, que se consume principalmente en Estados Unidos y Europa. Hecho de extremo peligro, puesto que nuestras fuerzas armadas y policiales ocupan el mismo escenario, lo cual las expone a la corrupción y en no pocos casos las corrompe.

 

El fenómeno de la corrupción de las fuerzas armadas y policiales del Perú por obra del narcotráfico es estudiado en el ámbito académico-militar de los Estados Unidos. 

El gobierno de Pedro Castillo actúa entre los ejes de la Neoguerra Fría. Grosso modo, ésta acaece entre dos grandes bloques. Por un lado Estados Unidos, la Unión Europea y los regímenes democráticos del sureste asiático, y por otro los gobiernos de Rusia, China, Bielorrusia, Irán, Siria, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba, Vietnam y Corea del Norte, entre otros.  

Marxismo —del que Marx se habría excusado—, leninismo, stalinismo, maoísmo y terrorismo confluyen en la mente y en el accionar de los propulsores del modelo totalitario en el Perú. Éste aparece como posible debido a la irresponsabilidad de quienes han gobernado el país y se han enriquecido desde 1990. Irresponsabilidad materializada en que la multiplicación por diez del PBI en treinta años no haya elevado sustancialmente el nivel de vida de millones de peruanos aún sumidos en la pobreza y en la pobreza extrema, agudizadas por la pandemia.

 

Siembra vientos y cosecha tempestades.

 

Pedro Castillo tiene la oportunidad de gobernar bien un país que no merece su miseria. Para ponerlo en términos vulgares pero no exentos de realismo, el presidente del sombrero puede gobernar como Pepe Mujica o como Chávez y Maduro. La tarea es más difícil que la de Mujica, pues el Perú es más complicado y geopolíticamente mucho más importante que el Uruguay. Llevar a cabo una revolución al compás de los gigantescos errores económicos de Chávez y Maduro desembocaría en un nuevo desastre, puesto que la ilusión termina cuando se acaba el dinero.

No hay peor futuro que el pasado. 

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