Puericidio en Estados Unidos

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe y Marcela Valencia Tsuchiya.
martes, 31 de mayo de 2022 · 21:13

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe y Marcela Valencia Tsuchiya

Escritores y periodistas. (Baltimore, EE.UU.)

 

Luego de la última matanza de niños en los Estados Unidos, precedida por una de negros, un sujeto afirmó:

"La libertad implica riesgos."

Vale decir, la libertad, materializada en el libre uso de los fusiles de repetición, implica la alta probabilidad de asesinar niños, y, por extensión, negros, judíos, hispanos y otras minorías.

Para Hitler, la libertad consistía en esclavizar naciones enteras, matar judíos y conquistar el mundo. Los cincuenta millones de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial fueron por ende un hecho de libertad.

Endilgarle a la libertad el asesinato de niños resulta moralmente inadmisible y técnicamente estúpido, porque en otros países ricos o de desarrollo medio existen armas en manos privadas pero en menor medida y sujetas a controles y limitaciones estrictos. Gracias a ello los asesinatos cometidos con armas de fuego son muchos menos que los perpetrados en Estados Unidos.

No limitar drásticamente el uso de armas de fuego en los Estados Unidos configura una aquiescencia legislativa con las execrables, decadentes masacres americanas. Las ganancias de los fabricantes de armas no justifican la muerte. Se vive mejor y más años sin ellas, y de paso se invierte en algo constructivo.

Justificar la matanza consuetudinaria de niños y minorías con el argumento de que son el precio que pagamos por la libertad es una falacia peligrosa, pues supone que alguien puede decidir matarlo o matarla a usted y a su familia porque su piel es del color equivocado.

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