Israel, Hamas y la solución de los dos estados

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe (Escritor y periodista)
domingo, 15 de octubre de 2023 · 14:35

Por Alejandro Sánchez-Aizcorbe (Escritor y periodista)

 

Stephen Sackur, en el programa Hard Talk de la BBC, acaba de entrevistar a un miembro de Hamas que está en Gaza. Sackur le preguntó qué ha pretendido Hamas con la masacre que realizó en Israel. El entrevistado respondió que Hamas ha tenido que hacer aquello a objeto de abrir los ojos y los corazones del mundo, pero que Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido, Francia y otros países de Occidente se han puesto del lado de Israel.

Acto seguido, Sackur le preguntó si Hamas puede estar de acuerdo con la solución de la convivencia de los dos Estados, uno israelí y otro palestino, en lugar de insistir en la destrucción de Israel. El miembro de Hamas respondió que la propuesta de los dos estados es una alternativa factible.

La pregunta se formula sola: ¿Puede Hamas plantear acogerse sinceramente a la solución de los dos estados siendo una organización político-militar que actúa y existe con el apoyo de la teocracia iraní, la cual define a los israelíes como bichos y propone la destrucción del Estado de Israel, y con el apoyo de Hezbollah, a su vez sustentado por le teocracia iraní? ¿O se trata simplemente de una alternativa entre otras, existiendo entre esas otras la destrucción de Israel y la internacionalización del conflicto?

Durante la Guerra Sucia en el Perú, que nos costó 70,000 muertos, Carlos Iván Degregori, uno de sus más lúcidos observadores, nos recordó que el político aspira a toda costa a su permanencia en el poder, refiriéndose a Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, el grupo terrorista que desató el conflicto armado interno en el Perú.

Después de pregonar durante décadas la liquidación mediante la guerra popular del orden burgués, Abimael Guzmán se rindió y dispuso la rendición de sus huestes tan pronto cayó preso.

No creo que Hamas se parezca en este sentido a Abimael Guzmán, puesto que, a diferencia del líder de Sendero Luminoso, los militantes de Hamas han demostrado estar dispuestos a perder la vida. La similitud, no obstante, se sugiere en dos campos. En primer lugar, tanto Hamas como Sendero Luminoso han utilizado a la población civil como escudo y rehén de su permanencia vitalicia en el poder. En segundo lugar, el factor común de ambos casos es el ansia de mantenerse en el poder para siempre sin medir las consecuencias.

Me atrevo a afirmar que ambos factores operan en la mente de los movimientos fundamentalistas, terroristas, teocráticos, dictatoriales y totalitarios, que no debemos confundir con los movimientos de liberación nacional aunque existen intersecciones.

Los generales y los líderes que pierden la guerra son corresponsables de la derrota. Lo difícil, si no imposible, es que lo reconozcan.

Según el Jerusalém Post, la gran mayoría de israelíes opina que, al terminar la guerra, Benjamín Netanyahu debe desocupar el cargo de primer ministro. No cabe duda de que Netanyahu y sus socios extremistas atentan contra la democracia israelí. Tampoco cabe duda de que durante su administración Israel ha sufrido un ataque previsible y prevenible. Y en este particular asunto Netanyahu ha perdido la justa política.

Una vez terminada esta guerra, las negociaciones para el establecimiento y convivencia de los dos estados sólo serán posibles entre los representantes moderados de ambas facciones, auspiciados sólidamente por el Occidente que el fundamentalismo, las dictaduras y las satrapías se proponen liquidar con el fin de perpetuarse en el poder y nada más, pues bienestar es justamente lo que no pueden ofrecer.

 

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