Gran freno a la extrema derecha en Europa

Por Mariano Saravia (Magister en Relaciones Internacionales) Especial para El Diario de Carlos Paz
sábado, 6 de julio de 2024 · 00:00

Por Mariano Saravia  (Magister en Relaciones Internacionales)
Especial para El Diario de Carlos Paz

 

Esta semana está signada por las elecciones en el Reino Unido y en Francia. Una consumada y la otra en desarrollo.

En el Reino Unido, el jueves hubo unas elecciones históricas que marcaron el regreso de los laboristas (centro izquierda) desde 2009. Fue 14 años de neoliberalismo, que dejaron como resultado 14 millones de pobres, una profunda crisis en el sistema de salud y una situación económica delicada, con inflación y recesión, potenciadas por el Brexit.

Cuando sucede esto, suelen aparecer los fantasmas. Cuando el neoliberalismo deja su herencia de destrucción del aparato productivo, desocupación y miseria, lo que se resiente también es la autoestima y la dignidad del pueblo, y surgen las alternativas neofascistas. De hecho, la extrema derecha ha venido avanzando en muchos lugares del mundo. En el Reino Unido, podría haber pasado lo mismo, porque está agazapado el partido Reform UK de Nigel Farage. Pero no sucedió… por ahora.

Habrá que ver si se inicia ahora un verdadero tiempo de cambio, como anunció el nuevo primer ministro laborista Keir Starmer, quien ya asumió y se mudó con su esposa a Downing Street 10, la residencia de los primeros ministros. Entre esas promesas, Starmer anunció la re estatización de los ferrocarriles privatizados en los últimos años, la creación de una empresa pública de energías limpias y la reconstrucción del sistema de salud. Durante la campaña electoral, había dicho que para ser verdaderamente progresista, no bastan las palabras, sino que hay que mejorarle concretamente la vida al pueblo. Buen diagnóstico, porque además del desastre que genera siempre el neoliberalismo, es cierto que la extrema derecha también se nutre de la falta de resultados concretos de algunos gobiernos supuestamente progresistas.

Por eso, si al histórico resultado del Reino Unido, los laboristas cumplen y suman un verdadero cambio social, político y económico, puede ser un hito en el contexto internacional. Veremos

 

Un ejemplo para la Argentina

Por otro lado, el proceso electoral de Francia, que comenzó el domingo pasado y culmina éste, esperemos que no con “un domingo 7”.

Todo comenzó con las elecciones europeas, cuando el avance general de la extrema derecha tomó dimensiones de batacazo en Francia. El presidente Emanuel Macron reaccionó rápidamente y llamó a elecciones anticipadas para el domingo 30 de junio, unas elecciones que no afectarán su mandato presidencial que concluye en 2027. Esto es porque Francia tiene un sistema híbrido o mixto, donde hay un presidente con poder, pero también un primer ministro. Puede pasar que ambos no pertenezcan a la misma fuerza política y en ese caso se habla de “cohabitación”.

Así las cosas, se realizó la primera vuelta electoral la semana pasada y la extrema derecha ratificó su avance. Reagrupación Nacional obtuvo el 33 por ciento de los votos, seguida por el Nuevo Frente Popular con el 28 por ciento y, tercero, el partido de Macrón, Francia en Marcha, con sólo el 21 por ciento. Esos resultados generales marcaron la necesidad de una segunda vuelta para este domingo, por el sistema electoral francés, que es muy especial y hay que explicar. Cada circuito electoral elige un diputado, y si ningún candidato en ese circuito logra más del 50 por ciento de los votos, van a segunda vuelta. Pero no sólo van a segunda vuelta los dos candidatos más votados, sino que en algunos circuitos puede meterse el tercero, si traspasa la barrera del 12,5 por ciento.

Este dato es la clave del ballotage del domingo. Porque el martes pasado se llegó a un acuerdo entre la segunda y tercera fuerza, es decir, entre el Nuevo Frente Popular, que incluye al partido Francia Insumisa del izquierdista Jean-Luc Melenchon, y el partido del neoliberal Macron. Es decir, una especie de “Frente Republicano” para cerrar el paso al neofascismo de Marine Le Pen y su candidato, la joven estrella de la extrema derecha francesa, Jordan Bardella. No está muy claro qué alcance tiene el acuerdo, porque el propio presidente Macron dijo que no cogobernará con la izquierda. Por lo pronto, la urgencia es cerrar filas ante el neofascismo y por eso, esas dos fuerzas políticas bajaron sus candidatos en aquellos circuitos donde cada una había quedado en tercer lugar. La idea es apuntalar a quien sea segundo para que le gane a los candidatos neofascistas.

Y es importante porque estamos hablando de la Francia de la división de poderes de Montesquieu, del contrato social de Rousseau, la de Voltaire y de la Revolución Francesa, la de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la Francia de las revoluciones liberales del siglo 19, la de Víctor Hugo y la de Honoré de Balzac, la de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Esa Francia, la que sufrió la ocupación del nazismo, la que tuvo la República de Vichy y también la resistencia, es la que camina por la cuerda floja de un neofascismo de tintes racistas, xenófobos, machistas y negador de los Derechos Humanos en general.

Por todo eso, más allá de los resultados de este domingo, la toma de conciencia de la clase política francesa es importante y la unión transitoria es un espejo en el que deberíamos mirarnos. En Argentina también nos enfrentamos a una extrema derecha violenta, cruel y anti derechos, pero cada dirigente político, cada partido y hasta cada militante, sigue con sus tradicionales comportamientos sectarios, sin entender lo que pide el momento histórico.

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