Opinión

Gran triunfo de la democracia en Francia

lunes, 8 de julio de 2024 · 10:03

Por Mariano Saravia (Magister en Relaciones Internacionales)

Lo más importante de las elecciones en Francia es que perdió la extrema derecha de Marine Le Pen, que venía arrasando en las elecciones previas, tanto las europeas del 9 de junio como la primera vuelta del domingo anterior, 30 de junio.

Pero, además, hay que decir que ganó la izquierda, y quizá ahí pondría unas comillas, porque ganó el Nuevo Frente Popular (NFP), una coalición muy heterogénea donde conviven La Francia Insumisa (LFI, la izquierda más clara que lidera Jean-Luc Melenchon), el Partido Socialista (PS, más bien socialdemócrata), el Partido Comunista y los Verdes. Se unieron a último momento para cerrarle el paso al neofascismo.

Además de Le Pen, el otro gran perdedor es el presidente Macron y su fuerza política que queda en segundo lugar, detrás del NFP. Los resultados son: NFP con 178 diputados, el partido de Macron (Ensemble) con 150 y la extrema derecha con 125 diputados. Ninguno llega a la mayoría absoluta requerida para imponer un primer ministro: 289 diputados.

Un alivio

Fue un alivio que no ganara la extrema derecha porque era una verdadera amenaza. En las elecciones europeas del 9 de junio ganó con el 31,5% y en la primera vuelta del 30 de junio aumentó al 33.5%.

Por eso se festejó tanto, porque el país de la Revolución Francesa, la Declaración de los Derechos del Hombre y la división de poderes, estuvo al borde de entregarle el gobierno al fascismo.

¿Qué pasó entonces?

Pasó que en el último mes se juntaron los partidos mencionados dentro del NFP y en la última semana hubo un acuerdo no escrito con el partido de Macron (la derecha neoliberal gobernante) para bajar todos los candidatos que habían quedado terceros en cada circunscripción, para facilitar el triunfo de los segundos por sobre la extrema derecha.

Es lo que en Europa llaman un “cordón sanitario”, es decir un dique de contención al neofascismo. Una alianza circunstancial que va desde la centro-derecha hasta la izquierda. Y dio resultados.

Sistema complejo

Hay que entender el sistema de gobierno francés. Es semi parlamentarista. O sea que puede ocurrir que haya un presidente y un primer ministro de distintas fuerzas políticas. Cuando sucede esto se llama cohabitación, y la última vez que sucedió fue entre 1997 y 2002 cuando era presidente el conservador Jacques Chirac y primer ministro el socialista Leonel Jospin.

¿Quién gobierna en realidad? Es difícil decirlo, pero el presidente puede gobernar por decreto, si quiere.

¿Y ahora, qué?

Ya renunció el primer ministro de Macron, Gabriel Attal. Macron tiene que designar esta semana un nuevo primer ministro.

En medio de los festejos en la Plaza de la República, el mismo domingo a la noche, Melenchon reclamó que Macron reconozca su derrota y nombre un primer ministro del NFP, y dentro del él de su partido La Francia Insumisa. Y como quien se prueba el traje, adelantó cuáles deberían ser las primeras medidas: congelamiento de precios, aumento del salario básico y derogación de la reforma previsional de Macron que lleva la edad jubilatoria de 62 a 64 años.

Pero dentro de la alianza ganadora (NFP), el líder del Partido Socialista, Olivier Faure, rechazó que sea Melenchon el que vaya a cogobernar con Macron. Ya empiezan los crujidos dentro de una alianza que se amalgamó más por el espanto que por el amor.

Posibles estrategias

El mismo domingo a la noche, Marine Le Pen se lamentó por los resultados, pero lanzó una frase intrigante: “Esto es un triunfo diferido”. ¿Qué quiso decir?

Que lo único que se ha conseguido es que, por ahora no gobierne la extrema derecha. Que no es poco. Pero no bajó su caudal electoral en porcentajes, consolida su presencia en las instituciones y está agazapada, viendo si en los próximos tiempos hay algún cambio o sigue el descontento popular. En ese caso, el discurso “anti casta” volverá con más fuerza y crecerá la opción fascista.

Ante esta situación, el NFP tiene varias opciones:

Una es exigir el lugar que le corresponde de primer ministro. Iniciar una cohabitación con Macron.

Los peligros de esto son varios: que se peléen entre ellos para ver quién ocupa ese lugar; que luego sea una figura decorativa fagocitada por un Macron que, desde la presidencia, los pase por encima a decretazos. En definitiva, que no puedan dar respuestas concretas a un pueblo francés cada vez más desilusionado.

La otra estrategia sería rechazar la cohabitación con el neoliberalismo de Macron y esperar que termine de inmolarse, para intentar la próxima vez una victoria contundente que les permita aplicar plenamente su programa. Pero esa estrategia tiene también sus peligros: ¿podrá durar hasta 2027 el Nuevo Frente Popular, una coalición tan heterogénea?

Lo cierto es que este triunfo democrático contra el fascismo en Francia es para celebrar, pero mesuradamente, porque también significa una “bala de plata”, es casi la última oportunidad para demostrar que la democracia y el republicanismo tienen anticuerpos contra el fascismo.

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