El espejo de la desidia
¿Qué hizo la oposición el día de la elección del Defensor del Pueblo?
Los candidatos que enfrentaron a Víctor Curvino no lograron seducir a un electorado apático.El 17,2% de participación en las elecciones para Defensor del Pueblo en Villa Carlos Paz no fue solo culpa del frío. Es un grito tácito, con sordina, del desinterés social que interpela a todos los actores políticos. Pero en este análisis crudo, la oposición carlospacense tiene una gran parte de responsabilidad ineludible. ¿Qué hicieron para motivar, para ilusionar, para siquiera informar a los ciudadanos? La escasa afluencia a las urnas es también el reflejo de una oposición que careció de estrategia y al parecer, se diluyó como la nieve del domingo.
El termómetro marcaba temperaturas mínimas y la nieve no cuajaba en las calles de Villa Carlos Paz, porque la verdadera helada estuvo en las urnas. Se registró un número irrisorio, el más bajo en la historia democrática de nuestra ciudad, que debería encender todas las alarmas en el espectro político local.
Mientras la militancia oficialista de Esteban Avilés se movilizó por convicción y lealtad —aunque con el notorio arrastre del desgaste y el malestar interno, la oposición brilló por su ausencia. ¿dónde estaba la otra mitad de la cancha? ¿Qué hicieron los partidos de oposición para contrarrestar la inercia, la apatía y el frío? La respuesta, lamentablemente, es poco, o nada. ¿Dónde estaban los grandes agitadores de redes sociales, de denuncias, de conferencias de prensa?
La falta de estrategia puede ser un error costoso
No se puede culpar únicamente al clima de la bajísima participación que tuvieron los comicios. Si bien el frío fue un factor determinante, la realidad es que la falta de motivación ciudadana tiene raíces más profundas, y en esa profundidad, la oposición carlospacense se muestra llamativamente ausente.
¿Hubo un mensaje claro de la oposición? ¿Una campaña que lograra interpelar al vecino, que le hiciera sentir la importancia de su voto, que generara la ilusión de un cambio o al menos de una alternativa real? Si se hizo, no llegó. O peor aún, no fue lo suficientemente potente como para competir con el confort del hogar en un día invernal.
La elección del Defensor del Pueblo, aunque a menudo es vista como un cargo menor, era una oportunidad fundamental para el control y la fiscalización del poder. O, por lo menos, un inicio de algo alternativo, de una fuerza que vuelva a seducir. Sin embargo, este potencial fue desperdiciado, en gran parte, por la incapacidad de los sectores opositores de capitalizar la coyuntura.
Mensajes diluidos y falta de un relato contundente
El resultado es elocuente. Víctor Curvino ratificó su cargo con poco más del 33% de los votos del reducido universo que sí votó, el resto del arco opositor se distribuyó porcentajes que, si bien muestran una dispersión de voluntades, no lograron consolidar una alternativa de peso. Los partidos tradicionales se «escondieron» detrás de nominaciones como Vecinos con Voz o Unión Celeste y Blanco, para no asumir el fracaso de sus propuestas y candidatos.
¿Fue una falta de recursos? ¿Una subestimación de la elección? ¿O quizás una profunda desconexión con las demandas reales de la sociedad carlospacense? Sea cual fuere la razón, el efecto es el mismo: cuando la oposición no logra generar un entusiasmo palpable, no solo pierde la oportunidad de ganar, sino que contribuye activamente a la desmovilización del electorado.
Lejos de ser un mero reflejo de la desidia social, la escasa participación es también un espejo que muestra la propia desidia de quienes pretenden ser alternativa.
¿Asumir la parte de responsabilidad?
La apatía ciudadana no es un fenómeno exclusivo de Carlos Paz, pero en este caso puntual, la oposición tiene una cuota de responsabilidad que no puede eludir. Para construir una verdadera alternativa de cara a futuras elecciones, y para reconectar con una sociedad cada vez más descreída de la política, es imperativo que los líderes opositores hagan una autocrítica profunda.
¿Cómo se reconquista la confianza? Con propuestas claras, con campañas que emocionen, con presencia en la calle y en el debate público, y, fundamentalmente, con un esfuerzo sostenido que demuestre que su compromiso va más allá de la fecha electoral. La legitimidad de un sistema democrático se nutre de la participación. Cuando esta se diluye hasta el punto del anecdotario, la responsabilidad es de todos, pero particularmente de quienes no lograron encender esa chispa.