Luis García Montero y un libro para celebrar

Habitaciones separadas; veinticinco años después

El poeta español será homenajeado en Villa Carlos Paz por su obra literaria y su compromiso con la realidad Iberoamericana. La escritora y doctora cordobesa Graciela Ferrero destaca en esta nota la importancia de su libro: Habitaciones separadas.
martes, 12 de marzo de 2019 · 16:15

Por Graciela Ferrero

(Especial para El Diario)

Córdoba. En 2014, la Editorial Visor reeditó Habitaciones separadas con un subtítulo que evocaba desde la réplica a la letra del tango, un retorno memorable: Veinte años sí es algo. No podemos igualar el gesto editorial, pero sí el sentido que tuvo: el homenaje. Han pasado veinticinco años desde la publicación de este libro de Luis García Montero y lo celebramos con él, en y desde Córdoba, a los cuatro vientos.

Hablar de este poeta es un proyecto bastante ambicioso en cuanto significa hablar de lo ocurrido en la poesía española de los últimos treinta años y además, por añadidura, hablar de un fenómeno de sociología literaria: es el poeta más leído o, por lo menos, el que ha cambiado la tajante división existente entre lectores (de poesía) y público lector (de novelas). Ha sacado a la poesía del cenáculo de los lectores de siempre, o de la Academia y la ha llevado a la plaza, al ágora, valiéndose de una sola estrategia: la voluntad comunicativa.

Si dentro del programa de escritura de García Montero hay una convicción que el tiempo no ha mellado es la de la capacidad del arte para crear «un espacio de convivencia, de implicación y de reflexión moral» [Confesiones Poéticas, 167]

Esta voluntad de implicarse en lo social y de interpelar al lector estuvo en el arranque de sus dos gestos “fundacionales”: la “otra sentimentalidad granadina”, en los 80 y “ la poesía de la experiencia”. A mediados de los 80, y con un claro apogeo durante los 90, la tendencia que había iniciado en Granada fue decantándose en otro movimiento de más amplia base territorial (toda España y no solamente un “foco” en el sur): “la poesía de la experiencia”, corriente que lideró y a la que proporcionó base teórica desde una serie de ensayos de reflexión sobre la poesía, y sobre su poética personal y grupal. A esta época pertenecen poemarios fundamentales: Diario cómplice (1987); Las flores del frío (1991), Habitaciones separadas (1994) y Completamente viernes (1998).

Por Habitaciones separadas el poeta de Granada recibió el Premio Loewe y el Premio Nacional de Literatura y con él, el reconocimiento a una obra cuya propuesta estética había seducido a la crítica y -esto es lo fundamental- a los lectores. Supuso el libro un punto y aparte en la trayectoria García Montero. Publicado en la editorial Visor, ya instalada como la gran editorial de poesía no sólo en España sino en todo el ámbito hispanoamericano, el autor granadino dispuso así de la posibilidad, a través de esta editorial y de la repercusión de los dos premios mencionados, de llegar a un gran público lector, materializando los propios postulados y la raíz de la poesía experiencia: una poesía que pretende llegar al máximo de lectores posibles sin rebajar la carga lírica y el vuelo emocional en el poema.

Con el libro se consolida una poética fundada en la clara opción por el realismo como modo discursivo, la concepción de la lírica como ficción, como artificio necesario y verosímil (frente a quienes entienden a la poesía como el reducto de la espontaneidad expresiva) la recuperación de la microhistoria y la intimidad y la nunca abandonada fe en la capacidad comunicativa del lenguaje.

La “poesía de la experiencia” se convierte hacia fines del siglo XX en la tendencia hegemónica, pero García Montero avanza en el trazado de un nuevo rumbo personal que no implica deserción sino adensamiento y profundización. En sus cinco últimos libros (La intimidad de la serpiente, 2003; Vista cansada, 2008 y Un invierno propio. Consideraciones , 2011, Balada en la muerte de la poesía, 2016 y A puerta cerrada, 2017 inicia un camino de ensimismamiento, para oponerse a la alteración de los tiempos, ensimismamiento pero no aislamiento y blindaje; explorar mejor la identidad, para mejor vincularse con los otros. Libros de madurez y retornos: retorno de motivos, tópicos, fórmulas líricas dispersas por toda su obra, pero aquí concentradas como en un gesto de re-apropiación de una lengua poética de probada lealtad y flexibilidad a lo largo de más de treinta años de uso. Como en la medieval proclama de orgullo “Un roman paladino/ en el que suele el pueblo fablar con su vecino”: una lengua para “entenderse hablando”, una poesía como oficio y forma de orgullo para hablar de y con los vecinos.

Con este reconocimiento a los veinticinco años de Habitaciones separadas, celebramos un modo de hacer poesía en lengua española: la voluntad de diálogo, el poema que no sólo comprendemos, sino que nos comprende, que nos habla de nosotros mismos. Los versos de Luis García Montero irrumpen en nuestra cotidianía y están a nuestro lado cuando miramos crecer a nuestros hijos, cuando nos enamoramos (o nos desamamos) cuando esperamos en un aeropuerto o cuando comprobamos que ha pasado el tiempo y tenemos la vista (y la vida) cansada.

 

Las razones del viajero

(Luis García Montero)

 

Está solo. Para seguir camino

se muestra despegado de las cosas.

No lleva provisiones.

 

Cuando pasan los días

y al final de la tarde piensa en lo sucedido,

tan sólo le conmueve

ese acierto imprevisto

del que pudo vivir la propia vida

en el seguro azar de su conciencia,

así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

 

Una vez dijo amor.

Se poblaron sus labios de ceniza.

 

Dijo también mañana

con los ojos negados al presente

y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,

fantasmas como saldo,

un camino de nubes.

 

Soledad, libertad,

dos palabras que suelen apoyarse

en los hombros heridos del viajero.

 

De todo se hace cargo, de nada se convence.

Sus huellas tienen hoy la quemadura

de los sueños vacíos.

 

No quiere renunciar. Para seguir camino

acepta que la vida se refugie

en una habitación que no es la suya.

La luz se queda siempre detrás de una ventana.

Al otro lado de la puerta

suele escuchar los pasos de la noche.

 

Sabe que le resulta necesario

aprender a vivir en otra edad,

en otro amor,

en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

 

 

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