Elvira Ceballos evoca a Atahualpa Yupanqui y al Chango Rodriguez

jueves, 07 de marzo de 2019 · 20:26

Elvira Ceballos es una referente en la docencia y en la música cordobesa. Su vida es sinónimo  de música. y desde que naciera en La Falda, en el centro del valle de Punilla, el 16 de marzo de 1949, se refugió en el arte. “Mis padres tenían una pista de baile, "El ranchito criollo" donde se escuchaba tango, paso doble y folklore” , recordó en su casa ubicada en el corazón del barrio Alberdi de Córdoba. 

En "El ranchito criollo" comenzó Elvira a vivir y sentir  la guitarra que sería su mi primer instrumento, luego llegaría el piano a su vida. "Yo tocaba porque leía mucha música”, señala Elvira que es ciega desde niña y además tiene osteogénesis imperfecta, que hace que sus huesos sean extremadamente frágiles.

 “A los cinco años escribía música, y lo remarca con orgullo que no hizo otra cosa en su vida que estudiar y aprender. "Mis juegos predilectos eran los libros.”. 

Elvira cuenta con cientos de partituras transcriptas al sistema de lectura y escritura para ciegos, incluyendo músicas que van desde el Renacimiento hasta el jazz, tango, música popular y decenas de otros estilos.

En 1954, Elvira y sus padres se mudaron al barrio Alberdi de Córdoba donde por entonces se caracterizaba por sus peñas y guitarreros. Elvira, que había llegado de las sierras ya habiendo compuestos algunas zambas y chacareras, y su hermana, ingresaron al Instituto Provincial para Ciegos (hoy Helen Keller) para estudiar, mientras su padre atendía un almacén, donde siempre algún músico se acercaba. Y uno de los que se arrimó fue el Chango Rodríguez. “Lindo tipo, decía cosas muy lindas, muy romántico, muy lìrico, conocí a su mamá y a su señora. En la cárcel me enseñó la Zamba de Alberdi. El chango Rodríguez puso un estilo en el canto folclórico de Alberdi y solía conversar conmigo", recordó Elvira..

"Sabía de mi formación clásica, me decía ‘mire mi hija guárdelo pa´usted y su almohada hay música que usted va a estudiar, pero no va a pegar, es bueno para la gente joven que usted empiece a crear otras cosas’ un gran tipo el Chango”.

A su casa también solía ir Atahualpa Yupanqui, y en una oportunidad, Elvia le dio algunas de sus canciones, y don Ata le dijo, "las voy a ver, si me gustan las cantaré sino, no." 

Esta mujer talentosa, recibida de maestra a los 15 años en el conservatorio provincial de La Falda, desarrolló en Ecuador el proyecto de musicografía braille, formando coros, y enseñando música a niños y jóvenes con discapacidad visual. La musicografía es en la música, lo que une al ciego con el que ve, es el puente de unión que hace que el ciego deje de ser ciego, dice Elvira conversando sobre un sistema internacional que hoy se dejó de dar sin demasiadas explicaciones y ella de manera particular enseña en su casa, aunque le hubiese gustado enseñar en el Instituto Provincial Helen Keller, pero no se lo permitieron. “Hay que alfabetizarse, se puede tocar de oído, cómo no, es muy lindo y es menos esfuerzo, es más improvisativo y es buenísimo, pero hay que llevarlo al papel”, afirma la pianista, profesora de música y cantante lírica.

 

 

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