Una vida dedicada al deporte amateur

¡Qué viva el fútbol, Ramón Amaya!

Durante dos décadas, acompañó a los equipos que juegan por la camiseta.
lunes, 13 de diciembre de 2021 · 10:30

Ramón Amaya es el cartero más famoso de Carlos Paz, pero también el hombre que durante veinte años difundió la pasión de las ligas de fútbol amateur del Valle de Punilla. El último sábado, se vivió un aniversario especial de su programa «Local Deportivo», que con sus coberturas radiales y televisivas puso en valor los equipos que juegan por la camiseta.

El periodista vivió cuarenta finales consecutivas en las canchas del sur de Punilla y recordó algunas anécdotas junto a Lindor Silva.

«Cuando era chico, los sábados, ponía cualquier excusa para escaparme de mi casa hasta la cancha que estaba frente a lo que es hoy el hotel Portal del Lago. Allí en un movimiento sagaz, Carlos Orso y el Yndio Montesinos organizaron un campeonato comercial que se jugaba los sábados a la tarde. Digo que fue una jugada audaz porque, hasta ese entonces, el hombre de barrio, el amateur, el que ama la camiseta, sólo jugaba los días domingos en los diversos campeonatos barriales que se organizaban por todos lados. Desde esa edad, comenzó mi pasión por contar lo que veía, la actitud, la rectitud, la deslealtad, los modales, los golazos y las maravillosas atajadas que hacía el hombre de a pie, del que se tenía que tomar un bondi para llegar a la cancha y que sus compañeros no tuvieran que jugar con un menos»; contó Amaya a EL DIARIO.

Los años pasaron y Ramón fue encontrando el equilibrio perfecto entre su labor en el Correo Argentino (que realiza desde hace más de 30 años) y su presencia en las canchas más humildes de la ciudad, donde lo reconocen y respetan por su militancia periodística en el futbol barrial. Y no son territorios fáciles, ni para los periodistas, ni para los jugadores ni para los árbitros.

«Un gran detalle que siempre se debe tener en cuenta a la hora de la diputa de un partido amateur, es el árbitro. No cualquiera puede dirigir una final donde tenés más de mil tipos empujando para que su equipo gane. La fricción es muy grande y si el árbitro no es uno más del grupo, un vecino, un tipo que usa más el criterio que el reglamento, es imposible diputarlo»; sostuvo.

A lo largo de su trayectoria, tuvo el privilegio de ver talentosos jugadores y equipos que nunca llegaron a los grandes estadios pero que tenían todas las condiciones. «Se me vienen algunos a la cabeza, como «El Pala» Aguirre de La Vizcachera. Era un caballero. Nunca lo vi pegar una patada, el tipo se ganó el respeto gracias a su jerarquía. Ese equipo, del Bambi y de tantos otros, va a ser único e irrepetible. Durante décadas, Villa Carlos Paz ha tenido equipos muy fuertes que podían jugar a cualquier nivel, como es el caso de Costa Azul, con el «León» Mena y Santos Montoya; el equipo de «Bowling Carlos Paz» donde jugaban los hermanos Arias, «Cachito» Libertino y Tarabini; o los de «Frigorífico Martino», que era una selección para el futbol barrial y que lideraban los Pavese. Hay muchas historias por contar»; destacó.

Un botiquín parrillero

Entre las miles de anécdotas, Ramón Amaya recordó una muy particular. «Hasta hace algunos años, tener un médico en la cancha, una ambulancia o un patrullero, era una utopía. Un sábado veo a un utilero bajar un botiquín que, a primera vista parecía de una clínica modelo, se estaba diputando un partido y un jugador se golpeó. En ese momento, el árbitro, que también había visto el botiquín, le pide ayuda para el accidentado. El utilero se acercó, abrió el botiquín y le dice al árbitro: ¿usted cree que con esto se podrá curar?. Adentro tenía el asado, sal, tenedores y cuchillos, todo lo que se necesita para hacer un asado»; contó entre risas.

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