Verano en Carlos Paz

Detrás de cada artesanía, hay una historia de vida que contar

por Magalí Farías (Especial para El Diario).
viernes, 2 de febrero de 2024 · 13:01

La ciudad de Villa Carlos Paz es conocida a nivel nacional e internacional por sus grandes marquesinas, sus ríos y montañas, pero además por la calidad de su gente. Desde hace años, también ha concentrado una creciente comunidad de artesanos que dan vida a una feria imperdible que recibe a miles de vecinos y turistas durante cada año.

Sin lugar a dudas, son una parte muy importante de la historia y el crecimiento de la ciudad.

Cualquier vecino o turista que haya venido en su infancia a Villa Carlos Paz, seguramente tiene el recuerdo de haber disfrutado de los payasos que compartían espacio con los puestos en Las Heras y Alem, a tan solo una cuadra de la peatonal. Era cuestión de girar un poco la cabeza para asombrar con verdaderas obras de arte fabricadas con piedras, alambres, lanas, arcilla.

Detrás de las creaciones, hombres y mujeres con sus manos marcadas por el trabajo.

En la actualidad, hay alrededor de 150 artesanos que se ganan la vida con sus piezas de arte. Son personas historias, años de aprendizaje y cientos de horas dedicadas a sus obras. Detrás de la Galería Strada, entrando por la Avenida General Paz, se eleva una imponente carpa que los cubre y deja atrás el recuerdo de esas noches de tormenta, cuando había que desarmar rápido y salir corriendo para refugiarse de la lluvia.

Cuando uno llega, lo primero que observa son los banderines de colores que decoran todo el paseo y algún músico que aprovechó el tumulto de gente para mostrar su talento y pasar la gorra. Obviamente, los payasos no pueden faltar, no sería lo mismo si no escucháramos el eco de sus chistes y el grito de la gente.

Hay artesanías para niños y grandes, juguetes, bijou, arte en madera, reciclados, chapa y lo que se quiera encontrar. En el local de Nancy, sin que nadie sepa bien cómo lo logra, es posible que un lavarropas o una heladera vieja se transformen en un ropero, una vinoteca y hasta una mesa, ella recicla todo lo que encuentra a su paso. Y quienes tuvimos el placer de ir a su casa, nos encontramos en un mundo salido de un cuento.

Marisa es una joven que se cansó de los horarios impuestos y atraída por los niños, empezó a construir juguetes de madera en su hogar. Desde hace seis años genera sus propios ingresos y lleva la vida que soñaba. 

Si seguimos un poco más, a tan solo un par de cuadras, nos encontramos con otros artesanos, los que están en el Puente del Centenario. Ahí, hay unos 50 puestos. Miguel Campos trabaja la artesanía desde hace más de 15 años, es el creador del dragón que descansa en el ingreso al paseo y que le había encargado su madre para los 15 años de su sobrina.

Siguiendo el recorrido, nos encontramos con Eduardo  y la magia de los duendes. Dicen que cada ser humano tiene uno que lo representa y que el duende es el que te elige, no uno al duende. Esta creación es realizada de la mano de su esposa Claudia Speroni, quien es feriante desde hace diez años. Claudia fue operada de la cadera tres veces y los médicos no la dejan trabajar, sin embargo, pese a no poder asistir a la feria, pasa los días en su hogar dedicándose a la confección de cada uno de los duendes.

Galería de fotos

Comentarios