Recorrió más de 25 mil kilómetros

Ana Beker, la argentina que llegó a Canadá a lomo de caballo

En 1950, cuando las mujeres tenían roles sociales restringidos, emprendió un viaje épico.
miércoles, 7 de mayo de 2025 · 12:01

Nació en 1916 en Lobería, Provincia de Buenos Aires, hija de inmigrantes letones que trabajaban la tierra. Pero desde pequeña, Ana Beker supo que su vida no estaría atada a los convencionalismos. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, ella prefería dormir en los establos, acunada por el sonido de los caballos. Esa pasión la llevaría a convertirse en una de las grandes aventureras del siglo XX: la primera mujer en cruzar el continente americano a caballo, una hazaña que aún hoy asombra por su audacia y perseverancia.

A los 24 años, Ana emprendió su primer viaje importante: 1.400 kilómetros desde La Pampa hasta Luján, montando a su caballo «Clavel». Diecinueve días de travesía que fueron solo el preludio de lo que vendría. Poco después, con dos caballos criollos obsequiados por el presidente argentino Roberto Ortiz, recorrió las catorce provincias del país en un viaje épico de diez meses. Pero su verdadero sueño era aún más ambicioso: llegar a Canadá.

Todo comenzó cuando conoció al suizo Aimé Tschiffely, famoso por su travesía desde Buenos Aires hasta Nueva York con los caballos Mancha y Gato. Cuando Ana le confesó su plan de llegar a Canadá, Tschiffely no pudo ocultar su asombro: «Si lo logra, superará mi hazaña… especialmente siendo mujer».

Eran los años 40, y el mundo no estaba preparado para una aventurera como ella. Pero Ana no se rindió. Tras una década de preparativos —y con el apoyo de Eva Perón y varios gobiernos de América—, finalmente partió el 1 de octubre de 1950 desde el Congreso de la Nación, montando a sus caballos «Príncipe» y «Churrito».

Su viaje, que duró casi cuatro años, fue una odisea llena de obstáculos:

Debió enfrentarse a la naturaleza desafiante, cruzó ciénagas en Bolivia, selvas en Centroamérica y desiertos en México. Vivió aventuras y peligros. Desde una propuesta de matrimonio de un cacique hasta un intento de violación en Ecuador del que escapó por poco. Dos de sus caballos murieron en el camino, uno por negligencia ajena y otro atropellado, pero el 6 de julio de 1954, Ana llegó finalmente a Ottawa, Canadá, y desmontó frente a la embajada argentina en la ciudad, donde fue recibida como una heroína. Sus últimos caballos, «Chiquito» y «Furia», fueron aclamados junto a ella.

A su regreso a Argentina, fue recibida con honores, pero con el tiempo su historia cayó en el olvido. Murió en Bahía Blanca en 1985, lejos de los reflectores, pero su travesía sigue siendo un testimonio de coraje y determinación.

El nombre Ana Beker merece estar entre los grandes exploradores de la historia, no solo por su destreza como jinete, sino por demostrar que, con determinación, coraje y apoyo, hasta lo que parece imposible puede ser alcanzado.

Comentarios