La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta de trabajo

Lo más pedido a la IA en 2025: ayuda para vivir

En 2025, los principales usos de la inteligencia artificial generativa pasaron de la productividad a la búsqueda de sentido, salud mental y bienestar. Así lo refleja un estudio reciente del Harvard Business Review.
martes, 8 de julio de 2025 · 11:19

Ya no se le pide que escriba un correo. Ni que resuma un documento. Ni siquiera que sugiera ideas. En 2025, la inteligencia artificial generativa ha comenzado a ocupar un lugar mucho más profundo en la vida de las personas: el de compañera emocional, organizadora de la existencia y faro en la búsqueda de propósito.

Así lo refleja un estudio reciente del Harvard Business Review, que analizó miles de publicaciones en foros globales para entender cómo usan realmente las personas la IA generativa. El cambio es contundente: los primeros puestos del ranking están ocupados por “terapia y compañía”, “organizar la vida” y “encontrar propósito”, tres funciones que hace un año ni siquiera figuraban entre las más populares.

En cambio, funciones típicas como “generar ideas” o “editar texto” han descendido varios lugares. Lo mismo ocurrió con tareas más técnicas como “buscar información específica” o “solucionar problemas”, que cayeron 10 y 9 posiciones, respectivamente. El nuevo protagonismo lo tienen los usos relacionados con la salud mental, el aprendizaje personalizado, la confianza y la vida cotidiana.

El caso más llamativo es “vida saludable”, que saltó 65 posiciones en un año y se ubicó entre los diez primeros lugares. También aparecieron funciones como “preparación para entrevistas”, “entrenamiento infantil”, “ayuda con el cuidado de niños” o incluso “anti-trolling”, todas ellas nuevas en el ranking.

El informe señala que esta tendencia responde a un fenómeno más amplio: la humanización del vínculo con la IA. Ya no se la consulta solo como un asistente, sino como una especie de coach, confidente o brújula interna. La gente busca con ella algo más que eficiencia: busca claridad, sostén y compañía.

Este giro tiene implicancias profundas. La IA ya no ocupa solo el escritorio de trabajo, sino también el consultorio psicológico, el comedor familiar y la mesa de planificación personal. A medida que su capacidad para generar lenguaje se afina, también lo hace su capacidad para sostener conversaciones sensibles, ofrecer orientación vital o ayudar a que una persona atraviese sus crisis o decisiones.

Como toda transformación tecnológica, esta también tiene doble filo. Si bien muchas personas celebran la posibilidad de sentirse acompañadas, otras advierten sobre los riesgos de reemplazar vínculos humanos por diálogos simulados. La clave, tal vez, no esté en elegir entre una cosa u otra, sino en redefinir cómo nos relacionamos con una herramienta que ya dejó de ser solo eso.

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