Prepotencia, irregularidades y la lógica del dinero fácil
Los vicios de los malos empresarios que atentan contra Carlos Paz
Un parrilla improvisada en pleno centro alimentó el recuerdo de Cromañón, un bar escondió a sus empleados en una cocina y otro adeudaba sueldos desde hace meses.Hace años, Villa Carlos Paz intenta reconvertirse en un destino de turismo internacional y elevar la calidad de su propuesta gastronómica, hotelera y de entretenimiento. En un mundo que demanda nuevos y mejores servicios, el mayor obstáculo es romper la lógica del «dinero fácil» que impera entre los «malos empresarios» de la ciudad, quienes están acostumbrados a la idea de «atarlo con alambre» y abrazan la informalidad y la prepotencia como un modelo de negocios.
Para muestra sobra un botón, pero en este caso, los ejemplos abundan y van desde una parilla improvisada en una galería céntrica (sin habilitación alguna ni medidas de seguridad), hasta un bar plagado de anomalías que encerraba a sus empleados en una cocina para eludir un control, pasando por un establecimiento que adeudaba salarios desde hace meses o un hotel donde se sucedieron denuncias de presunto abuso sexual entre sus empleados y no contaba con ningún protocolo de acción.
El cambio de paradigma es una necesidad para la supervivencia de la ciudad, pero el crecimiento dependerá también de la inversión y la voluntad del sector privado que deberá «hacer las cosas bien» para que Villa Carlos Paz sea un lugar mejor.
Días atrás, el empresario Omar Suárez volvió a estar en boca de todos y esta vez, no por mostrarse junto a Diego Maradona en «Cocodrilo», por su colección de trajes llamativos ni por sus espectáculos de temporada, sino por las irregularidades dentro del establecimiento que montó en el centro carlospacense y que lleva por nombre «Villa Sports Bar».
Tras una serie de denuncias (seis) que hicieron los vecinos que habitan en las inmediaciones del local gastronómico, inspectores municipales pudieron constatar que se incumplían las normativas vigentes y que Suárez había dispuesto la instalación de una parrilla en un espacio no autorizado con piso de goma y techo de lona. Esta situación representaba un verdadero peligro, avivando el recuerdo de la tragedia de Cromañón, donde el afán recaudatorio se impuso sobre el sentido común.
Por esta razón, se le aplicó una multa millonaria y se le otorgó un plazo de 72 horas para que solucionara la situación.
Pero además, se viralizaron videos que muestran aguas servidas acumuladas en uno de los accesos a la galería donde se encuentra ubicado y restos de comida en los pasillos del paseo comercial. La reacción del advenedizo empresario no fue la esperada (o si), y en lugar de desmontar la instalación y tratar de adecuarse a las normas, como exigen los controles bromatológicos y de seguridad más elementales, eligió la confrontación, la «chicana» y la victimización para intentar «esconder el sol con la mano». Suárez hizo un lamentable posteo en redes sociales donde habló de «extorsión» (un delito tipificado en el Código Penal) y apuntó directamente contra este medio y una periodista de nuestra redacción, responsabilizándola directamente de las quejas sostenidas de sus vecinos, quienes vienen soportando su accionar desaprensivo desde el inicio de la temporada de verano.
No todo se rige por el dinero, no todo se compra y se vende.
Este ejercicio de atentar contra el trabajo de la prensa, de cercenar el derecho a la información, de matar al mensajero, no es nuevo ni le pertenece únicamente a Suárez. En más de treinta años de ejercicio profesional de la comunicación, otros intentaron amordazar y amedrentar a El Diario cuando se observaban sus conductas indebidas, sus delitos y sus incumplimientos. Es más común de lo que se piensa y responde a la lógica de los «malos empresarios» de Carlos Paz, quienes dividen la ciudad en ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los primeros son ellos, quienes se consideran benefactores, generadores de empleo, la vanguardia del desarrollo local; los otros, en tanto, son los que se pueden avasallar, menospreciar, discriminar y hasta censurar. Es un concepto que se debe erradicar de forma urgente si buscamos transformarnos en un destino de excelencia.