Una saga de bohemia y resistencia
Los 50 años de «Tonos y Toneles», cuatro historias para viajar en el tiempo
por Tito Acevedo (Especial para EL DIARIO).Cuatro historias para entender por qué «Tonos y Toneles» sigue en la memoria colectiva luego de cincuenta años. La emblemática peña y refugio de la resistencia cultural en Córdoba, que funcionó entre 1976 y 1993 en la Avenida Santa Fe 450, en pleno corazón del Barrio Clínicas.
Fue un punto de encuentro clave para artistas, músicos y militantes durante la dictadura militar, conocido por su ambiente bohemio de «canto y risa» en un momento de fuerte censura política.
En unas saga imperdible, Tito Acevedo describe el encanto de un lugar donde se iba a escuchar y pensar, donde el público se sentaba en toneles y compartía noches de música y poesía.
POR AQUÍ, DOCTOR
Otra de las cosas que recuerdan los habitués de la peña, fue la primera razzia que nos realizó la Policía de la Provincia. Digo la primera porque durante el «Proceso», nos allanó doce (12) veces la cana de la provincia, tres (3) la Policía Federal, dos (2) el Comando Radioeléctrico, cuatro (4) la Aviación y tres (3) el Ejército. Todo esto es real, y quizás me quede algún allanamiento sin recordar. Creo que nos salvamos de la Marina porque en el Suquía no entran lanchas de desembarco.
Sin haber sido la razzia más pesada, la que voy a relatarles, sí fue la más rica en anécdotas. Nos llevaron caminando hasta la Seccional 3º, éramos aproximadamente unas trescientas personas (según la cana). Era increíble ver la cola de gente que llegaba del boliche a la comisaría que estaba a dos cuadras y media. El primer trámite que comenzaron los guardianes del orden para compensar la falta de espacio, fue la «coima». Es decir, el que pagaba se iba y el que estaba seco, a «tocar el piano». A mí, la ida me costó el «mangazo» de empanadas y «la gota» el tiempo que estuve en el boliche. Aclaro: En la jerga canera, «la gota» era la ginebra con coca.
Al ver la descarada impunidad con que se manejaban la policía, Héctor De Marchi, un amigo habitué al boliche y flamante abogado, enfrentó al sumariante y le dijo:
-Permiso, soy abogado. El «tira», con una sonrisa le respondió:
-Por aquí, doctor… y lo metió en un calabozo.
Creo que este relato habla a las claras que no se podía tomar ni un vino tranquilo.