¿Andrea Castana fue víctima de un violador serial?

El próximo domingo se cumplirán tres años de la violación y asesinato de la joven carlospacense Andrea Castana. Si bien los investigadores aún no pudieron dar con el autor o autores del crimen que sacudió a la ciudad de Carlos Paz, en la búsqueda se toparon con un dato revelador sobre una serie de ataques sexuales.
viernes, 9 de marzo de 2018 · 19:20

Carlos Paz. El brutal asesinato de Andrea Castana y las interminables horas de angustia que se vivieron hasta dar con su cuerpo, aquel 13 de marzo de 2015, fueron una bisagra en la sociedad cordobesa. A tres años del crimen, la justicia espera el resultado de 13 exámenes de ADN que se hicieron en un laboratorio de Entre Ríos y que revelarían el perfil exacto del asesino de la joven.

La investigación que lleva la Fiscalía General de la Provincia encabezada por la coscoína Alejandra Hillman tiene una dependencia en Carlos Paz compuesta por un equipo de investigadores que, desde hace tres años, no abandona la tarea de dar con el autor del crimen. En los últimos meses,  lograron un hallazgo vital para resolver uno de los casos policiales más emblemáticos de la década.

La justicia tendría una gran certeza: El ADN que dejó el atacante en el cuerpo correspondería a la misma persona que entre el 2009 y 2011 atacara en la cima del Cerro de la Cruz a una joven de barrio La Quinta y a una periodista de Buenos Aires ligada al gobierno de Mauricio Macri. Con esa información, la investigación se enfocó hacia dos hombres con frondosos antecedentes que habrían participado en otros hechos de instancia privada y serían oriundos de Villa San Nicolás.  Sin embargo, hubo otra sorpresa, uno de ellos se encontraba preso cuando sucedió el asesinato.

Fueron justamente estos investigadores, quienes luego de tener en sus manos el resultado de ADN, contactaron a ex policías que integraron la Departamental Punilla en los últimos años. Estos ex oficiales dieron algunos detalles sobre las violaciones que se produjeron años atrás y además proporcionaron nombres y direcciones de las víctimas. Asimismo, los investigadores cuentan con los resultados de las muestras extraídas a las mujeres que han sobrevivido a los ataques y que se sometieron a los estudios de ADN. Esos resultados serían compatibles con lo que habría dejado el atacante en el cuerpo de Andrea, principalmente, entre sus uñas cuando intentaba defenderse.

Con datos que pesaban como oro en polvo, la justicia decidió citarlas e indagarlas. Una de las víctimas logró aportar poca información, ya que aún no logra superar el trauma que le provocó haber sido vejada en el cerro. Lo que se alcanzó a conocer de su declaratoria, es que la joven fue sorprendida cerca de la cima por un individuo que luego de someterla sexualmente, la dejó ir. «En esos momentos, recuerdo que pusimos guardia en el cerro y algunas policías femeninas fueron usadas de carnada. Las mujeres policías salían de la cima, eran monitoreadas y estaban vestidas como si estuvieran haciendo actividad física pero llevaban arma y una radio. En dos años, no obtuvimos ningún resultado. Si hubo algunos arrebatos y cosas mínimas, pero ningún hecho trascendental»; señaló el ex funcionario.

A los tres años del suceso que padeció la vecina del barrio La Quinta, hubo otro abuso. Esta vez la víctima fue una joven periodista domiciliada en  Capital Federal. Fue sorprendida luego de llegar a la cima del cerro y a pocos metros de haber iniciado el descenso. Esta joven integraba el staff de un popular programa de deportes y hoy estaría en funciones en una dependencia del gobierno nacional. Habría sido violada cuatro años antes que Andrea.

Lo que no se supo de ese caso, es si la justicia la citó a declarar o si alguna comisión viajó a Buenos Aires para entrevistarla. Según trascendió, la periodista, al enterarse del «Caso Castana» intentó hablar ante los medios para difundir lo que le había sucedido, pero le pidieron prudencia para no entorpecer la causa. El caso Castana logró que todos los expedientes relacionados con ataques a mujeres en el cerro salieran a la luz, pero todavía la Cruz se mantiene como un testigo mudo del accionar de un criminal que deja huellas, pero que esconde su nombre como en un anagrama.


La esperanza se encamina hacia Paraná

En octubre del año pasado, se conoció que los investigadores decidieron enviar muestras de ADN a un laboratorio de alta complejidad en Entre Ríos con el fin de acercarse al asesino. Carlos Nayi, abogado de la familia Castana, aseguró que esa prueba es de gran interés para la causa. «Se han dispuesto medidas de gran trascendencia para utilizar tecnología de última generación y se giró el material genético a un laboratorio entrerriano que posee tecnología de secuenciación masiva.  El avance de la tecnología tiene sus alcances en la ciencia forense y lo que se intenta determinar, entre otras cosas, los rasgos fenotípicos del agresor»; relató el letrado.

Las muestras de ADN extraídas del cuerpo de la mujer asesinada  permiten inferir rasgos que no llegan a observarse en el análisis convencional a través de un estudio secuencial del rastro. Nayi remarcó que cuando se conozcan datos más precisos, se podrán reconocer «el perfil ancestral» del asesino de Andrea. «Concretamente, si es amerindio, europeo, asiático, como así también algunas características fenotípicas como color de piel y ojos, entre otras»; indicó el abogado de la familia.


Un silencio encriptado

La población desconoce los pasos de la justicia para resolver uno de los casos más enigmáticos y dolorosos en la historia criminal de la ciudad. Sin embargo, el expediente nunca durmió. Ninguna pista que pudiese conducir al asesino se descartó y se estudió cada hipótesis. Preguntar sobre el avance de la causa es pisar una celosa trampa mortal que convierte a cualquiera en sospechoso.

Se mueven con sigilo, caminan como el buda sobre el papel de arroz, y miran hacia atrás para saber si algún rastro puede delatarlos.

La investigación del crimen de Andrea sumó meses atrás un experimentado sabueso que estaba a punto de jubilarse y cuyo prestigio tranquiliza a los fiscales. El hombre tiene un aspecto casi rudimentario y se confunde entre la gente común. Los que lo conocen aseguran que tiene olfato, camina el cerro, descansa y dialoga con los caminantes. En su despacho interroga a los sospechosos, a veces mira el techo o se toma el mentón y juega a confundir a la espera de resultados.


Por orden del gobernador

La resolución del Caso Castana sería un alivio para la Policía y el poder político. Todos lo saben y los fiscales se juegan su prestigio. Con el tiempo, la causa se ha transformado en una llaga que sangra, sólo atrapar al asesino puede tranquilizar las aguas.

En ese contexto, los vecinos del Cerro de La Cruz se transformaron en virtuales sospechosos y uno por uno, fueron citados a declarar. Uno de ellos reside en la calle San Antonio y había viajado a Mar del Plata la noche del 11 de marzo (el día que desapareció Andrea) para participar del sepelio de un familiar. Ni bien regresó, fue llevado a la Fiscalía para que le tomaran declaración testimonial, le extrajeron una muestra de ADN y hasta tuvo que pedir a los familiares de Mar del Plata que le remitieran el certificado de defunción de su tía.

Un joven que trabajaba durante la temporada de verano en una empresa de hidropedales y dormía debajo de uno de los miradores del cerro, fue marcado como sospechoso.  Cuatro empleados municipales denunciaron que lo encontraron cuando reparaban el sendero para Semana Santa y dieron datos precisos de él. Se emprendió una búsqueda y lo encontraron en Río Cuarto, pero se comprobó que nada tenía que ver con la causa. Sin embargo, fue tal la presión que los investigadores ejercieron sobre el joven que amenazó con denunciar «persecución policial».


Por Luis López

(Especial para EL DIARIO)

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