Asesinaron a la viuda de un desaparecido
Un brutal asesinato revivió el horror de la Casa de Hidráulica
La familia Albareda volvió a ser víctima de un salvaje ataque. Una historia que comenzó en el centro de detención y tortura que funcionaba en Villa Carlos Paz.Un crimen violento volvió a sacudir a la Provincia de Córdoba y revivió el horror de la Casa de Hidráulica, el centro de detención, tortura y exterminio que funcionó durante la última dictadura militar en Villa Carlos Paz. Susana Beatriz Montoya fue asesinada el sábado pasado en la capital cordobesa, era viuda del policía desaparecido Ricardo Fermín Albareda y madre de Fernando Albareda, militante de la agrupación de derechos humanos HIJOS.
Según pudo conocerse, el cuerpo de la mujer (de 74 años) fue encontrado en el patio de su casa y presentaba un golpe en la cabeza y un corte que podría haber sido provocado por un ladrillo o una piedra.
En una de las paredes de la vivienda, se encontró una pintada escrita con lápiz labial que decía: «Los vamos a matar a todos. Ahora vamos por tus hijos. Policía».
Desde hace meses, la familia venían denunciando intimidaciones y en diciembre del año pasado, Fernando manifestó que aparecieron carteles en la puerta de su casa con las leyendas: «Se te terminaron los amigos en la Policía», «te vamos a juntar con tu papito» y «vas a morir». «Yo recibo amenazas todos los meses. Nunca les dí bola. Pero ahora parece que han vuelto, que están rompiendo todos los códigos»; dijo Albareda, quien encontró el cadáver de su madre.
Fernando Albareda es hijo de un policía que fue secuestrado, torturado y desaparecido en 1979 en el ex centro clandestino de detención conocido como La Casa de Hidráulica, que se encuentra a metros del dique San Roque de Carlos Paz. Ricardo Fermín Albareda, subcomisario de la Policía de Córdoba que militaba en el PRT y tenía 37 años cuando fue secuestrado y desaparecido por la dictadura cívico-militar en septiembre de 1979, según se pudo determinar en el juicio que se realizó.
El chalet fue construido originalmente en los años cuarenta como casa de reuniones de la Dirección de Hidráulica de la Provincia y casi tres décadas más tarde, la Policía adujo que tenía información de un posible atentado en el paredón del dique a manos de grupo guerrilleros y solicitó el control del inmueble para custodiar la zona. De esta manera, llegó a manos del grupo D2 integrado por los policías más sádicos de la provincia.
Las condiciones de emplazamiento del inmueble (escondido en una península del lago San Roque), con caminos propios alejados y rodeados de arboledas, garantizaba el trabajo clandestino de represión. En el lugar llegaron a desarmar autos robados, infringieron todo tipo de torturas, asesinaron y desaparecieron personas.
Durante las investigaciones que llevó a cabo la CONADEP en 1984, se reveló que se lograron extraer de las aguas del embalse tres vehículos que habían sido arrojados por los uniformados y los testimonios de los detenidos en dicho establecimiento concuerdan en que los encargados de trasladar a los secuestrados al lugar eran grupos de civiles armados, parapoliciales que respondían de la Policía de Córdoba. Además constituyó un centro de desarme de los vehículos utilizados en la represión o robados durante los operativos que llevaban adelante.