Atención: Vivir con perros mejora nuestra calidad de vida

martes, 6 de octubre de 2020 · 09:15

Diversos estudios han demostrado los numerosos beneficios que para nosotros tiene la convivencia con los perros. Nuestra salud, nuestro estado psicológico y hasta nuestra actividad social se ven mejorados al compartir vida con ellos.

La mayoría de estos beneficios nos pasan desapercibidos en nuestro día a día. A continuación vamos a repasar todo lo que nos enseñan los perros. Cuidarlos es una gran responsabilidad, sí, pero se ve recompensada con creces.

La comunicación no verbal de los perros

En nuestra sociedad humana las palabras son los elementos básicos de la comunicación. Nos basamos en el lenguaje oral para relacionarnos con otras personas. Aunque no es el único elemento comunicativo a nuestro alcance, es al que más atención prestamos. Pero esto cambia con los perros. Ellos no hablan, pero no les hace falta.

Nos han enseñado que es posible entenderse perfectamente sin pronunciar una sola palabra. Los perros se han esforzado en establecer comunicación con nosotros. Como somos su referente, se han centrado en hacerse entender a través de las posiciones de su cuerpo y todo tipo de sonidos. Pero no solo se interesan por explicarnos lo que les pasa o necesitan.

También se han especializado en interpretar nuestros gestos. ¿Has notado que tu perro sabe perfectamente cuando vas a salir? No porque se lo hayas dicho, sino porque ha interiorizado la secuencia que realizas, casi inconscientemente, cuando te marchas: llaves, chaqueta, zapatos… Tu perro ha aprendido a detectar todos esos signos que te pasan desapercibidos.

El poder de la empatía canina

Por otra parte, cuando somos nosotros los que nos esforzamos por comprender a nuestro perro estamos potenciando una cualidad humana más que positiva: la empatía. Esta se define como la capacidad para ponerse en el lugar del otro, lo que nos hace ser más comprensivos y tolerantes.

Cuando intentamos descifrar qué es lo que necesita nuestro perro, qué nos está demandando o qué le ocurre, estamos ejercitando nuestra empatía. Y si adquirimos la costumbre de mirar desde la empatía, nos será más sencillo trasladar esta perspectiva a las relaciones con otras personas.

El amor verdadero de los perros

Suena cursi, sí. Pero un perro te quiere a ti por lo que eres, no por lo que aparentas o te gustaría ser. No le engañas. Te acepta y sabe verte siempre el lado positivo. Ese apoyo incondicional se sabe que repercute positivamente en la autoestima de los cuidadores. No solo nos sentimos mejor, sino que estamos menos solos.

El perro es una compañía incondicional. El contacto con nuestro perro, entre otras hormonas, nos hace segregar oxitocina, la conocida como hormona del amor y de la amistad. Esto nos induce a un estado de bienestar.

La responsabilidad de tener un perro

Un perro en casa supone trabajo. Hay que pasearlo, darle de comer, educarlo, limpiar sus destrozos, etc. Además de una responsabilidad económica, un perro implica un compromiso durante toda su vida. Sin darnos cuenta nos hace establecer una rutina que debemos mantener todos los días, independientemente de nuestras circunstancias personales.

Adquirir la responsabilidad de atender a un perro ayuda a personas en situaciones delicadas, que se ven empujadas a salir, a relacionarse y a preocuparse por otro ser vivo en vez de hundirse en sus preocupaciones. Cuidar a un perro nos hace sentirnos útiles. Hablar con él, siempre dispuesto a escuchar aunque no entienda todas las palabras, es un desahogo.

Personas con problema psicológicos o de edad avanzada que han dejado de cuidar después de toda una vida haciéndolo pueden, por este motivo, beneficiarse del contacto con un perro. Un perro es un propósito. La posibilidad de una nueva vida y la esperanza de un cambio posible. No en vano los perros son los animales de terapia por excelencia.

 

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