¿Por qué es terapéutico el aroma a café?

sábado, 7 de noviembre de 2020 · 19:04

¿Quién sabe? La ciencia no tiene certeza ni puede responder por qué el olor a café nos hace bien, nos gusta y motiva; es más, nada puede ser más reconfortante que oler su aroma cada mañana. 

Aparentemente el placer que nos produce en los sentidos llega nuestro cerebro potenciando nuestros procesos cognitivos y  mejorando nuestro estado de ánimo.

La mayoría lo hemos experimentado más de una vez. Basta con abrir el envase del café, ya sea la caja donde van las clásicas cápsulas o esa bolsa donde se contiene el grano entero o ya molido para sentir un indefinible placer olfativo. Nos encanta su olor, sus matices y esa profundidad aterciopelada que nos transporta a otros lugares más cálidos y agradables.

Muchísimas personalidades han elogiado al café. El poeta francés André Bretón, referente del surrealismo confesó que no hubiera escrito un solo verso si no fuera por la ingesta de café.

Benjamín Franklin, por su parte, dijo, “Entre los muchos lujos de la mesa, el café puede ser considerado como uno de los más valiosos. Él atisba la alegría sin intoxicación, y el placentero flujo de espíritus que ocasiona nunca es seguido de tristeza, languidez o debilidad”.

La psicóloga Valeria Sabater afirma que nuestros cerebros adoran al café. Es que la cafeína es uno de los alcaloides que más le agradan a nuestro cerebro. Es un estimulante natural del sistema nervioso, sus efectos se perciben pasados 15 minutos y puede durar hasta 6 horas. Es algo sensacional, no hay duda, y todo se debe a su estructura molecular. La cafeína es capaz de bloquear los receptores de adenosina, esas moléculas que nos inducen el sueño o la sensación de cansancio.

Una buena taza de café nos ayuda a despejarnos y nos genera una grata sensación de placer. Pero no todo es propiedad de la cafeína, sino que la infusión encontrada en nuestro continente posee también dopamina, un neurotransmisor que nos activa y nos genera bienestar.

El terapeuta Luis Guillermo aconseja respirar el olor a café tres veces al día además de beber una taza a la mañana y otra a la tarde.

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