Salud

Parkinson y la estimulación cerebral profunda: una alternativa terapéutica

martes, 13 de abril de 2021 · 11:02

La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa crónica y progresiva más frecuente en el mundo. En Argentina, se estima que la padecen alrededor de 120 mil personas, en mayor proporción los adultos mayores de 65 años (aproximadamente la sobrelleva el 1-2% de este grupo poblacional).

Actualmente, no existe una cura para esta enfermedad, pero sí hay múltiples tratamientos, tanto farmacológicos como no farmacológicos, que ayudan a aliviar los síntomas. Entre estos últimos se destacan los quirúrgicos como la Estimulación Cerebral Profunda. Este es un procedimiento que se realiza en el país desde hace varios años y sobre el que ya existe cuantiosa experiencia. Una proporción seleccionada de pacientes con Parkinson podría beneficiarse con los resultados de esta tecnología médica, dependiendo de la edad, de las manifestaciones de la enfermedad y de la presencia o no de otras condiciones asociadas.

La enfermedad de Parkinson se manifiesta con síntomas motores y no motores. Los principales síntomas motores son la lentitud o bradicinesia, la rigidez y el temblor. En estadíos más avanzados pueden existir alteraciones posturales, del equilibrio y de la marcha. Los síntomas no motores inicialmente preceden a las alteraciones motoras y luego progresan junto a ellas. Se pueden encontrar alteraciones sensoriales (pérdida del olfato, dolores diversos), gastrointestinales (constipación), del estado de ánimo (depresión, ansiedad, etc.), del sueño (insomnio, sueños vívidos o actuados) o autonómicas (trastornos urinarios). En estadíos más avanzados también puede verse afectada la cognición.

Una de las terapias más avanzadas y reconocidas por su efectividad en minimizar los trastornos de movimiento propios de la enfermedad es la Estimulación Cerebral Profunda (DBS por sus siglas en inglés). Este tratamiento consiste en el implante de electrodos en la profundidad del cerebro que van conectados a un generador de pulsos o dispositivo eléctrico -similar a los marcapasos cardíacos- que se coloca en el tórax o el abdomen. Su mecanismo de acción se basa fundamentalmente en la capacidad de modular el funcionamiento del sistema nervioso a través de estímulos eléctricos. El dispositivo es programado externamente a través de un software que define y regula los estímulos que recibe el paciente.

Uno de los principales neuroestimuladores está diseñado para capturar señales cerebrales utilizando el cable DBS implantado. Además, utiliza un software para el procesamiento y análisis de todas las señales cerebrales en tiempo real. Esas señales se almacenan en el dispositivo y se utilizan para brindar un tratamiento personalizado a medida que evolucionan las necesidades del paciente.

El procedimiento del implante es un proceso multidisciplinario donde colaboran, entre otros, los neurólogos, los neurocirujanos y los bioingenieros. La precisión del implante se logra a través de diversos métodos, entre los cuales se destaca el registro de la actividad neuronal de ciertas regiones del cerebro durante la cirugía.

“La terapia de Estimulación Profunda, es una de las más avanzadas para tratar la condición. Sin embargo, cada caso debe analizarse con rigurosidad para asegurarse que sea la opción adecuada para el paciente”, explicó el Dr. Diego Bauso, Subjefe del Servicio de Neurología y Jefe de la Sección de Movimientos Anormales y Parkinson del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Sin duda, esta alternativa terapéutica significa un paso hacia adelante en la mejoría de la persona con Parkinson y de su entorno. "Con esta terapia buscamos controlar los síntomas motores, así como las complicaciones y fluctuaciones que los pacientes pueden desarrollar debido a la terapéutica farmacológica. El fin último es mejorar la calidad de vida, el nivel de independencia y la funcionalidad de nuestros pacientes. La familia y el acompañamiento del paciente también juegan un rol fundamental", sostuvo.

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