Reconstruyen ciudades históricas con tecnología 3D

domingo, 16 de agosto de 2020 · 00:11

Reino Unido. El ser humano ha creado su legado para luego destruirlo. Algunas de las huellas que han dejado los antepasados corren el riesgo de desaparecer, a veces porque representan una identidad que se quiere borrar con la destrucción o, en otros casos, simplemente por negligencia. 

La reconstrucción se hace difícil, sobre todo cuando los recursos son exiguos y los monumentos han sido alterados a lo largo del tiempo. Por eso, la realidad virtual intenta devolver el encanto de su apogeo y ofrecer un espacio de reflexión que analiza la degradación que sufre el patrimonio histórico. El estudio creativo NeoMam, en colaboración con Budget Direct, se ha volcado en la reconstrucción en 3D de seis sitios emblemáticos, que van desde Palmira (Siria) y Hatra (Irak), amenazados y destrozados por el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), hasta las fortificaciones de Portobelo (Panamá), donde la naturaleza está retomando el lugar por la falta de preservación.

Keremcan Kirilmaz y Erdem Batirbek, arquitectos turcos que viven en Izmir, han analizado las fotografías por satélite y el material disponible para añadir las piezas perdidas. “La intervención humana es absolutamente más peligrosa y destructiva que las causas naturales”, explica el primero. Los sitios elegidos comparten su creación por la mano del hombre, mientras se han descartados los patrimonios exclusivamente naturales.

Hatra (Irak)

Hatra es una ciudad que ha resistido varios asedios a lo largo de su milenaria historia. Fundada en el III siglo a. C. por los seléucidas, el imperio helenístico sucesor de Alejandro Magno, alcanzó un puesto como centro comercial y religioso durante el régimen parto, en el antiguo Irán, y como capital del reino entre los años 247 y 226 a. C. La ciudad gozaba de fortificaciones que pudieron aguantar los asedios romanos de Traiano (años 116-117) y de Septimio Severo (197-198) y el del rey Ardashir I del Imperio Sasánida (229).

Los restos cuentan con una fusión de panteones griegos, sumerios, asirios, sirios y árabes como en los templos de Nergal, Ermes, Atargatis, Allat y Shamiya y Samas, razón por la que ha sido bautizado en aramaico Bei? Elaha (Casa de Dios). La UNESCO incluyó Hatra en el Patrimonio de la Humanidad en 1985 por su mezcla de arquitectura helenística y romana con las decoraciones orientales.

Sin embargo, cuando el ISIS se hizo con el control de la zona de Mosul (situada a unos 110 kilómetros), las amenazas contra los sitios arqueológicos llevaron a la organización a inscribir Hatra en la lista de lugares en peligro. Los militantes del grupo terrorista conquistaron la ciudad en 2014 y fueron expulsados por las fuerzas progubernamentales en 2017. Durante esos tres años se difundieron varios vídeos de yihadistas rompiendo estatuas y destrozando la antigua capital.

Solo cuando se les arrebató el dominio se pudo constatar que, pese a los daños en el muro exterior y los agujeros en algunos edificios y los incendios, su estado de conservación no era comparable con la destrucción perpetrada en otros sitios emblemáticos como Palmira o Nimrud.

Leptis Magna (Libia)

Leptis Magna, o Lepcis Magna, ha sufrido los estragos de varios dominios en sus tres milenios de historia. Su fundación se remonta al 1.100 a. C. por colonos fenicios y lentamente alcanzó importancia en el Mediterráneo como parte de Cartago hasta la tercera guerra púnica de 146 a. C., cuando entró en la República Romana. La posición geográfica privilegiada, cerca de la actual Trípoli, la convirtieron en un puerto de referencia y en uno de los ejes del dominio romano en África.

Y hasta contó con un emperador oriundo, Septimio Severo, que expandió el patrimonio artístico nacido con el teatro, la plaza del mercado y el arco monumental construidos por Augusto y Tiberio. La ciudad ya contaba con la ciudadanía romana desde el 109-110 a. C., cuando Trajano le concedió la categoría de colonia, pero con Severo llegó a amenazar Cartago y Alejandría como referente imperial en el continente negro.

En 439, los vándalos acabaron con el sueño. El rey Genserico se deshizo de las murallas de la ciudad, lo que facilitó un ataque brutal de la etnia norteafricana de los bereberes, que saquearon el centro. Poco sirvió la reconquista de Belisario, que transformó el lugar en capital provincial del Imperio Bizantino, antes de su abandono. El sitio arqueológico se añadió a los Patrimonios de la Humanidad en 1982 y su valor ha crecido gracias al descubrimiento, en 2005, de cinco mosaicos de los siglos I y II, que decoraban las paredes de la piscina de una noble casa romana. Con la guerra civil libia entre las milicias de Fayez al-Sarraj y el ejército de Jalifa Hafter, el objetivo es proteger Leptis Magna de su posible destrucción.

Palmira (Siria)

El ISIS ha decidido volcar en Palmira, la antigua capital del Imperio de la reina Zenobia entre 268 y 272, toda su fuerza destructiva contra los “falsos ídolos”. De esa ciudad solo quedaban amplias ruinas, elegidas como Patrimonio de la Humanidad en 1980. Las continuas amenazas de los yihadistas alertaron a la UNESCO, que la incluyó en la lista de sitios en peligro en 2015.

Dos años después, los terroristas detonaron varios explosivos en las bases del Templo de Bel. Cayeron, entre otros, la tumba con forma de torre de Elahbel, construida en el 103 a. C., con sus cuatro plantas, el piso subterráneo y el arco de triunfo. La UNESCO tildó los hechos de “crimen de guerra”.

En 2016, las tropas de Bachar al-Assad reconquistaron la ciudad y con la ayuda de un convoy militar ruso se removieron minas antipersonas y se descubrió una fosa común con cadáveres de 24 civiles y 18 soldados. Mientras el ejército sirio se encontraba ocupado en la reconquista de Alepo, el Estado Islámico se hizo nuevamente con el control de Palmira antes de que las tropas progubernamentales volvieran a expulsarle en 2017. Durante esa transición, las bombas se llevaron el teatro romano.

Palmira había conseguido su independencia durante el dominio de los seléucidas y cierto prestigio como ciudad de Siria, cuando este país pasó a ser provincia romana en el siglo I a. C. Su posición estratégica en la Ruta de la Seda le permitía ser “independiente entre dos Imperios”, según escribió Plinio el Viejo. Con la muerte del gobernador Septimio Ordenado en 267, su viuda Zenobia estableció en ese lugar la capital de un reino que se extendió entre Siria y Líbano y logró defenderse de Roma durante cuatro años hasta su derrota en 272. El imperio arrasó la ciudad un año después para reprimir la revuelta de sus habitantes.

Diocleciano reconstruyó Palmira para establecer un centro de defensa contra los sasánidas. Antes de su destrucción por el terremoto de 1089, se encontraba en manos de los musulmanes. Fueron los franceses quienes entregaron el sitio a Siria como parte del Mandato de la Sociedad de las Naciones (1920-1946), empezado con el desmembramiento del Imperio otomano.

Fortificaciones de Portobelo y San Lorenzo (Panamá)

El abandono ayuda al poder de la naturaleza. Cristóbal Colón descubrió la Bahía de Portobelo, a unos 50 kilómetros de la actual Colón, durante su cuarto viaje a América a bordo de la Santa María el 2 de noviembre de 1502 y quedó fascinado por su belleza. A finales del siglo XVI surgió la pimera población, fundada por Francisco Velarde y Mercado, con el nombre de San Felipe de Portobelo. Pronto se convirtió en un puerto esencial para la exportación de plata desde Nueva Granada, tanto que los españoles se vieron obligados a fortificarlo.

La presencia de materiales y mercancías atraía el interés de los piratas. Precisamente allí murió de fiebre el legendario Francis Drake en 1596, antes de que otros siguieran en el intento de saquear el puerto, como el bucanero William Parker en 1601 y Henry Morgan en 1688. Con el asalto de Edward Vernon en 1739, Portobelo empezó a perder relevancia a favor de otras rutas comerciales, como la de Filipina y el Cabo de Hornos.

Este sitio entró en la lista de Patrimonios de la Humanidad en el año 1980, junto al Fuerte de San Lorenzo, una excelencia de la arquitectura militar de época colonial. Se trata de una antigua fortaleza cerca del entonces pueblo de Chagres construida bajo la orden del Rey Felipe II y terminada en 1601 para defenderse de los saqueos perpetrados por los piratas. Eso no bastó para parar el ataque de Joseph Bradley, que tomó el fuerte en 1670. Cuando fue reconstruido, también sirvió como prisión y ahí estuvieron recluidos Pedro de Guzmán y Dávalos, marqués de la Mina, o Francisco Antonio De Zela, político peruano al mando de la Revolución de Tacna de 1811.

Desde 2012 estos monumentos hermanos se agregaron a la lista de patrimonios en peligro, pese a que el Gobierno panameño haya invertido 46 millones de euros en su recuperación. La naturaleza amenaza con hacerse con el control de una fortaleza que ya no sabe cómo defenderse.

Nan Madol (Micronesia)

En el año 500, en frente de las costas de Pohnpei, uno de los cuatro estados federados de Micronesia, se empezó a levantar Nan Madol, un asentamiento de 92 pequeñas islas artificiales que representó una de las obras más asombrosas de la civilización oceánica. Ahí vivió la brutal dinastía Saudeleur, que gobernó entre 1100 y 1500, y que gravó a la población con un impuesto de frutos y pescados.

Sus 58 islotes estaban dedicados a funciones religiosas y en algunos de ellos se han hallado restos de animales muertos durante ceremonias sacrificiales. El complejo más impresionante es el de Nanadauwas, con muros de 12 metros de altura y cinco de espesor, donde se enterraban a los reyes. Aún hoy, no hay explicaciones claras sobre cómo se ha erigido el conjunto y se movieron los grande bloques de piedra que conforman el sitio. Una parte se ha encontrado incluso debajo del agua.

La UNESCO ha reconocido Nan Madol como Patrimonio de la humanidad desde 2016 y lo incluyó en seguida entre los que se encontraban en peligro de desaparición. De hecho, fue abandonado a principio del siglo XVII tras la llegada de los primeros europeos y desde entonces ha quedado en poder de la naturaleza.

Ciudad Vieja de Jerusalén

La urbanización moderna ha puesto en peligro la supervivencia de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Para la UNESCO, el crecimiento desorganizado del centro está provocando una “destrucción severa” que amenaza con comprometer el valor simbólico de un lugar que acoge los sitios más sagrados de las tres grandes religiones monoteístas: el Muro de las Lamentaciones, el Monte del Templo, la Iglesia del Santo Sepulcro, la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa.

La muralla actual se remonta al 1540, bajo el reino de Solimán el Magnífico, y definió un territorio al norte de la Ciudad de David, antiguo asentamiento de Jerusalén surgido en el monte Sión. Los romanos destruyeron la ciudad en el año 70 y en 135, inaugurando la fase cristiana después de Constantino, que duró hasta el 638, cuando los árabes conquistaron el centro. La parte antigua acoge también un barrio armenio, ya presente en época bizantina, pero también impulsado por la diáspora causada por la represión y el genocidio conducido por mano de los otomanos. Desde el 1981, el sitio figura en la lista de Patrimonios de la Humanidad. Un año después entró a formar parte de los en peligro. (Fuente: El País)

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